Publicado: Viernes, 08 Febrero 2019

Vigilia de Oración contra la Trata de Personas, una realidad para la esperanza

De una vida sometida a la esclavitud de hoy, la trata de personas, a una vida resucitada en la libertad y la dignidad. Vidas truncadas y renovadas estuvieron presentes en la Vigilia de Oración contra la Trata de Personas celebrada ayer en la iglesia del Corazón de Jesús de Valladolid.  Las hermanas oblatas, referentes de la sección de Trata del Arzobispado de Valladolid dentro del Secretariado de Migraciones, convocaron esta oración en la iglesia de los jesuitas en la que participó el Coro de Nueve y Cuarto. Responden a la llamada del papa Francisco que instituyó para el 8 de febrero la Jornada Mundial de la Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, el día señalado a la memoria de santa Josefina Bakhita. Esta religiosa sudanesa sufrió de niña la dramática experiencia de la trata. A los 38 años se consagró para siempre a Dios y se convirtió en modelo de perdón y misericordia. Su vida y el relato de la nigeriana Ashanti hicieron presente la realidad en toda su crudeza y también, desde la esperanza.  

Las hermanas oblatas cumplen su misión de acompañamiento y apoyo a las mujeres que viven inmersas o en contextos cercanos a la prostitución en el centro Albor desde hace 20 años. Un largo camino de lucha contra esta actividad y contra la complicidad del silencio; de acompañamiento a las mujeres que deciden abandonarla y de sensibilización a la sociedad. Ellas llevaron miles de nombres, de historias y de vidas a esta oración: “Bienaventuradas las mujeres y hombres, niños y niñas que hoy están siendo utilizados como mercancía y negocio de traficantes”. Y reflejaron su compromiso por la liberación y reconstrucción: “Bienaventuradas las personas que luchan por frenar la explotación y esclavitud de las personas inocentes”.

El papa Francisco propone esta jornada como aliento a cuantos están comprometidos a ayudar a hombres, mujeres y niños esclavizados, explotados y abusados como instrumentos de trabajo o placer, y a menudo, torturados y mutilados. “Deseo”, decía el Papa, “que cuantos tienen responsabilidades de gobierno tomen decisiones para remover las causas de esta vergonzosa plaga, plaga indigna de una sociedad civil. Que cada uno de nosotros se sienta comprometido a ser portavoz de estos hermanos y hermanas nuestros, humillados en su dignidad”. 

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