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“No sabría por dónde empezar a contaros lo vivido en estos días... Pero tengo que hacerlo, no puedo callar. Sentimientos encontrados a uno y otro lado de la valla. No puedo callar ante el dolor, la rabia, la indignación... La injusticia de la que hemos sido testigos... No puedo callar al descubrir que esa misma humanidad es la que Dios quiere cada día y lleva su huella tan profundamente marcada que sale de sí misma y no deja de buscar. Me invita a ponerme en camino una vez más y dar sentido al peregrinaje como hijos e hijas del ‘hogar mundo’. Guiados por su luz y esperanza... capaz de atravesar vallas y fronteras.”

Así narraba en su camino de regreso a casa una joven que participó en la Pascua Melilla-Nador 2017. Una experiencia en comunidad del triduo pascual organizada en colaboración entre un equipo de las Religiosas de María Inmaculada y de la Compañía de Jesús. Una Pascua pensada para un grupo de más de treinta jóvenes-adultos proveniente de toda la geografía española y distintos rincones del mundo, con un doble perfil pastoral-social y que participan en nuestros centros de pastoral, educativos y sociales, dinamizando a otros.

En este sentido, la Pascua ha pretendido ser una experiencia para jóvenes que desean hacer camino y dejarse acoger en un lugar de frontera; que desean crear una comunidad que comparte la vida sencilla, la oración y la celebración, y a la vez cambiar de perspectiva, dejar a un lado todo lo que nos ocupa en el día a día, levantar la mirada y abrir los ojos para encontrarnos con Jesús. Vivir con él, repetir sus gestos y mirar el mundo desde dónde él lo mira. Acompañando a Jesús en el camino a la cruz, descubriendo un amor que va más allá de cualquier límite, de cualquier frontera. Asimismo, re-encontrarse con el misterio de la Vida y escuchar su invitación a vivir siempre en la esperanza y desde el amor que se entrega, conociendo de primera mano la realidad sufriente que viven tantos hermanos y hermanas. Y desde un anhelo de volver a casa y desear seguir caminando.

El lema de la Pascua: Somos hijos e hijas de un peregrino cuyo hogar es el mundo. Nuestra identidad se asienta en el seguimiento de Jesús, en su vida de peregrino, de caminante. Un seguimiento que nos mueve al encuentro y al diálogo, al deseo de desinstalarnos, a salir de nuestra propia casa para descubrir en el mundo nuestro hogar. Nos sentimos continuamente invitados a ponernos en camino y a compartir la vida con otras personas que viven en tránsito. Estar con ellas nos abre a la posibilidad de sentirnos más cerca de un Dios que también se convierte en migrante, a conocerlo más y en mayor profundidad.

Tiempo para orar con el Jesús sufriente ante la valla, acompañando la realidad de tantas personas que sueñan entre el dolor y el sinsentido; que sueñan que otro mundo es posible, y que viven desde la esperanza. Descalzarse ante la vida de tantas y tantos, a ambos lados de la frontera, tendiendo puentes y con la valentía de cruzarlos. Un regalo poder celebrar con la comunidad católica en Melilla y Nador; y encontrarse con testigos de la resurrección y de la esperanza.

“Frente a todas estas cruces sigue habiendo Resurrección porque Dios se sigue colando en las personas para transformar el odio en amor, la desesperación en esperanza y la muerte en vida. Dios sigue soñando con nosotros y estos sueños son hechos realidad gracias a personas concretas que cada día se levantan dispuestas a servir en las fronteras, a darle la vuelta al mundo tendiendo puentes en vez de vallas y fronteras. Son, somos, Comunidad que abre los brazos para entrelazarse y así hacer abarcable lo inabarcable imitando a ese Jesús que abrió los brazos en la Cruz para amarnos primero.”

“Creo que muchos de nosotros nos sentimos muy llamados a acompañar las realidades que hemos visto estos días y aunque aún nos encontramos muy perdidos y no sabemos bien hacia dónde caminar, recibir tantos testimonios de vida ha sido como un faro en las tinieblas. De verdad que he sentido arder mi corazón al escuchar vuestras historias. A los que todavía están como yo buscando la manera de aproximarse a estas realidades, os digo que me he sentido muy acompañado por vosotros. He vuelto a casa con mucha paz y mucha ilusión, así que a todos os digo gracias. Todavía queda mucho por caminar, así que por mi parte me esforzaré por alimentar esta sed para que nos alumbre y siga tejiendo el hilo dorado de nuestra vida.”

“Ya en casa y con el pijama no paran de pasarme imágenes de todo lo vivido estos días. Doy gracias a Dios por ello y por haber tenido el privilegio de haberlo hecho con vosotr@s. Un privilegio que conlleva una responsabilidad, cierto.”

“La esperanza que se niega a apagarse, la fuerza de las vidas en tránsito, la valentía de los que desafían la injusticia. Melilla es Misterio, Cruz y Presencia.”

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