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Este verano dos jóvenes de los Grupos Universitarios del Centro Arrupe y dos alumnas del Curso de Integración Social de las Escuelas San José de Valencia han participado en los campamentos que organiza la Pastoral Penitenciaria de la Archidiócesis de Valencia.

Amparo nos cuenta su experiencia....

CAMPAMENTO EN EL CENTRO PENITENCIARIO PICASSENT (VALENCIA)

Jamás pensé cuando me ofrecieron la posibilidad de forma de parte de un Campamento en el Centro Penitenciario de Picassent, que dicha experiencia fuera a proporcionarme tantas sensaciones y sentimientos.

Durante estos quince días he descubierto que la libertad es un gran regalo que en escasas ocasiones nos paramos a valorar, que el respeto no siempre son buenas palabras… El respeto puede ser algo tan simple como una mirada.

Entre esos muros cada persona es un mundo, cada cual tiene su propia historia  con su desenlace, maneras de actuar que aunque desde fuera no podamos entender ni justificar, nadie deberíamos juzgar sin antes escuchar.

Personas que sin conocerte de nada te abren su corazón para contarte sus errores y sus consecuencias, que no te piden nada a cambio simplemente necesitan hablar porque hace mucho tiempo que no lo hacen.

El tiempo… Ese tiempo que a nosotros nos falta en nuestro día a día, es precisamente lo que a ellos les sobra para que sus cabezas nunca tengan descanso. Allí dentro sus días son muy largos, sus noches muy solitarias y sus vidas realmente duras.

En este campamento nos hemos reído juntos, hemos bailado juntos, he jugado con hombres que me doblaban la edad a juegos infantiles en los que hemos disfrutado sin distinciones, porque allí dentro todos somos iguales, llegándome a sentir una más entre ellos.

Al hacer balance tengo que decir que ha sido increíble y dudo mucho que jamás lo pueda olvidar pero si hay algo que realmente me ha marcado sin duda alguna ha sido el últimodía, ver como todos éramos incapaces de contener las lágrimas en el momento del adiós, dar y recibir abrazos a personas que en tan poco tiempo te han dado tanto pero sobretodo me han enseñado tantísimas cosas.

Para ellos ese momento era el final de unos días en los que se rompíasu rutina pero para mí fue muchísimo más que eso.

Durante mi experiencia he intentado dar lo mejor de mí, me quedo con las risas, las bromas, las confidencias pero que realmente no es nada comparado con lo que ellos me han dado a mí, lo mucho que he aprendido y el gran cariño y respeto que me han demostrado siempre.

Pienso que ha sido una gran lección que todos deberíamos aprender en algún momento de la vida.

Amparo Santos Cebrian

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