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El 1 de febrero se celebró en el Santuario de Loyola el encuentro anual de la Comunidad Apostólica de la Universidad de Deusto. La comunidad apostólica es el espacio en el que los miembros de una institución pueden reflexionar sobre la propia institución en clave de Misión. En una obra de gran dimensión como Deusto, esta cita ―que este año reunió a un centenar de personas― complementa a otros encuentros de comunidad apostólica que se celebran a niveles inferiores.

La jornada estuvo dedicada a los retos educativos de la actualidad y contó con la participación de Albert Florensa, profesor de la Universitat Ramon LLull y fundador de Cátedra de Ética y Pensamiento Cristiano del IQS. Su visión crítica del mundo, así como sus cualidades de comunicador, eran conocidas para algunos, porque Albert participa en los cursos de formación de UNIJES.

Su exposición estuvo dividida en dos partes. Por la mañana desgranó una visión nada complaciente del contexto mundial actual: desigualdad, aceleración, competitividad... La charla de la tarde estuvo centrada en ofrecer algunas claves para una respuesta desde la universidad a ese contexto: desde el encuentro con la realidad, el pensamiento sobre los fines, el sentido profundo de la justicia, la razón que pasa por el corazón... A lo largo del día hubo tiempo para trabajo en grupos y debates en el plenario, donde se manifestaron las tensiones que se producen entre la lógica contemporánea centrada en la utilidad instrumental y las lógicas de la justicia y la fe, que pueden llegar a ser consideradas «inutilidades».

En su saludo inicial, el rector José María Guibert SJ manifestó su deseo de que fuera una jornada «que nos mueva interiormente». Ese objetivo, con Albert, estaba garantizado: el encuentro fue un estupendo recordatorio de que aquello que desde las racionalidades imperantes ―también en la universidad― se categoriza muchas veces como «pérdida de tiempo» puede ser lo más urgente, a nivel personal e institucional. Desde esa toma de conciencia, Albert nos invitó a aprovechar todas los «intersticios» y «grietas» que encontremos ―en el sistema, en el trabajo, en nuestras vidas― para crear ámbitos que vayan a contracorriente, centrados en la persona, en lo común, en la justicia, en el darse. 

 

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