Publicado: Lunes, 25 Mayo 2020

#encasaconDios: memoria agradecida

Es evidente que el confinamiento nos ha puesto a prueba. Todas nuestras vidas estaban metidas en una vorágine de actividades, objetivos, reuniones que se vieron truncadas súbitamente al ser real la amenaza de que tendríamos que confinarnos para un tiempo que sería más largo de lo que nos pensábamos.

Y ahí empezó todo: en pocos días multitud de iniciativas empezaron a surgir desde todos los ámbitos de Iglesia: misas por Facebook o youtube, oraciones, ofertas de Ejercicios (dentro y fuera de la Compañía), cursos, lecturas…y un largo etcétera que a muchos de nosotros hasta nos llegó a abrumar. Muchos compañeros que estamos presentes en las redes, conscientes de la importancia de este canal para la transmisión de la fe, pero con el deseo de ofrecer algo sencillo pero de calidad, nos reunimos para pensar algo como Compañía, algo común. Ya la Parroquia San Francisco de Borja empezaba a transmitir las eucaristías diariamente y empezamos a ofrecer distintos materiales que pudieran acompañar pastoralmente este tiempo.

Oraciones en vivo (animadas por comunidades bien distintas), charlas en directo con el equipo de VocesEsejota, artículos y oraciones especiales por PastoralSJ y RezandoVoy, videos de testimonios jesuitas en SerJesuita, la propuesta pastoral MAG+S entre otras cosas, han permitido acompañar a mucha gente y dar espacios de serenidad en el proceso de adaptación a la vida confinada que estábamos teniendo.  

Creemos que este camino recorrido ha subrayado dos invitaciones que nos hace Dios en este tiempo. La primera es una llamada a la profundidad, pues se nos pide una hondura buscando espacios para el silencio. Por eso no hicimos una oferta para llenar todas las horas del día. No se trataba de entretener, sino de invitar vivir ciertas experiencias en determinados momentos.

La segunda llamada es que colaborar no significa yuxtaponer iniciativas. Éramos muchos “actores” y podíamos caer en amplificar todavía más el ruido que había en las redes las primeras semanas de confinamiento. Hemos aprendido que el tiempo dedicado a ponernos de acuerdo, a armonizar las propuestas no es tiempo perdido. Por eso, aunque nos ha supuesto cierto esfuerzo ha sido muy reconfortante ver las posibilidades que abre una pastoral entendida desde la colaboración.

Pero esta experiencia supone un reto de recoger estos aprendizajes y otros para volver a esta “otra normalidad” no como atajo para recuperar nuestra vidas súper-ocupadas y dispersas, sino para poder salir al encuentro del otro desde una vida consciente.

 

 

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