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Después de la Semana Santa, afrontamos unos meses llenos de discernimiento. En pocos días la Provincia va a culminar la tarea que le corresponde en el nombramiento de su nuevo Provincial. De las muchas decisiones que están en juego en este final de curso, la de entrever en el Espíritu un nuevo liderazgo para la Provincia es una de las más importantes.

Los días 1 y 2 de mayo se reunirán las consultas ampliada y canónica, como está prescrito, para proponer al P. General una terna de candidatos. Esperamos que sea conocido pronto el discernimiento que haga el P. General con su Consejo. Pero más allá de quién sea el compañero que nos ayude como Provincial, sabemos de antemano que recibirá una misión exigente en dimensiones de servicio y necesitada, por ello, de aquel “caudal de bienes espirituales” que san Ignacio preveía para afrontar la vida apostólica de la Compañía (cf. Fórmula, n.1).

Como nos ha sucedido en tantos momentos pasados juntos en nuestra restructuración provincial, os pido que hagamos acopio de nuestro ánimo, eso intangible que es mezcla de fe, esperanza y caridad fraterna y que habita nuestro interior. Ponemos en las manos del nuevo Provincial no sólo esos ánimos, sino la unión que hacemos de todos ellos, para que lleve la vitalidad apostólica de esta Provincia exactamente adonde y a quien el Señor desea conducirla en el aquí y ahora que nos está tocando vivir.  

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