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Queridos amigos,

tras unas semanas tratando de adentrarme en el entramado del gobierno provincial, quiero expresar una serie de deseos para comienzo de este curso. Me resulta difícil, porque no ha habido tiempo para poder asimilar este servicio. A lo largo de este año, trataré de ir tomando conciencia de la Provincia e ir viendo ante Dios lo que debo hacer o puedo invitar a hacer junto con el equipo de gobierno provincial. Por eso, pido un poco de comprensión para poder acercarme a la realidad de la Provincia y tratar de poner nombre a aquellos aspectos en los que se necesita más luz y más gracias de Dios.

Quiero empezar agradeciendo a Paco Pepe todo el trabajo de estos siete años como provincial de España, añadidos a los seis como provincial de la Bética. La suma de los años representa solo una parte de las capacidades personales que ha puesto al servicio de la Compañía con gran generosidad y entrega. Lideró el proceso de integración y continuó luego con los tres primeros años de andadura de la nueva provincia. En una situación compleja y diversa, puso en marcha la configuración organizativa de la nueva provincia. Desde cada uno de nosotros, más o menos cercanos a él, le reconocemos su gran compromiso por buscar y hallar a Dios en este proceso de integración. Nunca fue fácil y nunca dejó de asumir su responsabilidad.

Si hay que buscar un telón de fondo para este nuevo curso 2017-18, creo que hay una centralidad en las llamadas de Dios recogidas en la Congregación General 36. El P. Arturo Sosa nos ha enviado una carta el pasado 10 de julio de 2017, donde sintetiza los ecos profundos que se vivieron en Roma el pasado 2016. El P. General parte de “nuestra vida” e invita a impulsar la conversión personal, comunitaria e institucional en diversos aspectos, como la indiferencia, la vivencia de la eucaristía, la inculturación, la cercanía a los pobres, la ecología y el impulso de la vida comunitaria e institucional desde una perspectiva más profunda. A continuación, vuelve a la misión como eje de nuestra vida para reconciliar, ahondar en la mirada al Crucificado y los crucificados de la historia, profundizar en lo espiritual e intelectual, y la colaboración en redes cada vez más efectivas para el trabajo apostólico. De fondo, parece oportuno volver a preguntarse: ¿en qué llamada me veo más tocado como jesuita? ¿Qué llamada podría inspirar este curso que comienza?

Junto con lo anterior subrayo un elemento que nos puede ayudar a mirar esperanzadamente la realidad que vivimos. De diversas maneras, detectamos que la Iglesia continúa expresando el deseo de contar con la ayuda de la Compañía. Así lo expresaba el Papa Francisco a los miembros de la CG 36: “Como os han dicho en varias ocasiones mis antecesores, la Iglesia os necesita, cuenta con vosotros y sigue confiando en vosotros, de modo especial para llegar a los lugares físicos y espirituales a los que otros no llegan o les resulta difícil hacerlo” (Papa Francisco, lunes 24 de octubre de 2016). Eso significa que hay un modo de sentir, de creer y de ser ignaciano que sigue atrayendo y admirando a muchas personas a nuestro alrededor. Éste es un proyecto ilusionante. Es bueno recordar confiadamente esta demanda eclesial y social para ayudar con la nueva evangelización que la Iglesia proyecta sobre este mundo globalizado, hostil con los débiles, frío en lo religioso y lleno de interrogantes, pero también de múltiples oportunidades, hacia el futuro.

Tras la evaluación que se hizo el año pasado sobre el proceso de integración, se incide en la necesidad de tomar decisiones sobre comunidades y obras, y sobre la selección de ministerios. Los resultados de esta encuesta se van a tratar en la primera reunión de superiores, en noviembre, para poder reflexionar sobre lo que aparece y socializar más el momento en el que estamos. A partir de ahí sería bueno formular horizontes apostólicos y acciones, para llegar a ellos, que nos ayuden a ir elaborando un proyecto apostólico actualizado para los próximos seis años.

En definitiva, se necesita profundizar en la planificación apostólica para los próximos años. Por la gran importancia de esta necesidad de la planificación y selección de ministerios, en la reunión de la Comisión para el Seguimiento del Proyecto Apostólico y la Planificación y de la Consulta de Provincia (El Puerto de Santa María, 25-29 agosto 2017), vimos la necesidad de proponer a un compañero que asuma ese liderazgo concreto, al modo como el P. General ha nombrado al P. John Dardis para asumir el discernimiento y la planificación apostólica. Sería un delegado provincial para invertir esfuerzos en poner en claro, lo mejor posible, las posibilidades que tenemos para impulsar y renovar nuestra Misión, desde la nueva realidad que vivimos.

En concreto, para el presente curso 2017/18 el gobierno provincial tendrá especialmente en cuenta los siguientes planteamientos, además de atender al gobierno ordinario:
1. Afianzar el conocimiento de los jesuitas y la Provincia.
2. Avanzar en la selección de ministerios y ejecutar las decisiones a que haya lugar.
3. Iniciar el nuevo Proyecto Apostólico de la Provincia.
4. Estudiar la implantación de una delegación para el discernimiento apostólico y la
selección de ministerios.
 
Finalmente conviene hacer hincapié en un aspecto que está en la base de todo esto. No solo es necesario que pidamos por las vocaciones, sino además buscar medios sencillos que nos ayuden a promoverlas, sin complejos y sin culpabilidades insanas. El equipo de promoción vocacional necesita nuestro apoyo para su tarea y, además, se ofrece a participar en los foros de las plataformas o sectores para implicar a todos en ello.
 
Deseo de verdad que Dios nos ilumine a todos para poder generar un espacio común, donde sea posible el diálogo fraterno, la unión de ánimos y la disponibilidad hacia la
búsqueda de la voluntad de Dios para la Provincia.

Un cordial saludo a todos y mis oraciones

Antonio José España Sánchez SJ

Descargar la carta en pdf.

 

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