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  Seguimos necesitando la Navidad de Jesús. En el momento en que vivimos como Provincia, el nacimiento del Señor sigue siendo una invitación a renovarnos y crecer como Cuerpo apostólico en Misión con otros. Vivimos enviados a un mundo y a una creación que puede vibrar con Dios. A la vez, vienen de nuestra historia ecos que nos preocupan: la situación de paro y pobreza, la inmigración, la secularización, la era del consumismo, el populismo, la despersonalización social, el daño ecológico… y más recientemente el problema catalán. Todo ello puede arrinconarnos en la decepción y en el pesimismo, cerradas las ventanas al Dios que nos sigue invitando a la apertura y a la generosidad.
 
            Los textos bíblicos nos llevan a vivir la presencia de Dios con la mente y con el corazón, desde la palabra y desde cada acción, y desde todo nuestro ser con la creación. En cada uno de los protagonistas de los relatos, hay sorpresa y hay amor (de María, de José, de Isabel y Zacarías, de los pastores,…) que no se paralizan ante las dificultades variadas en las que se encuentran. Por eso, necesitamos la Navidad de Jesús, no tanto la nuestra, personal o tribal. No tanto la institucional o más social. La que nos enraíza en Él.
 
            Como dijo el Papa en el pasado tercer domingo de Adviento: “si quitamos a Jesús, ¿qué queda de la Navidad? Una fiesta vacía. ¡No quitar a Jesús de la Navidad: Jesús es el centro de la Navidad!, ¡Jesús es la verdadera Navidad! ¿Entendido?” Os deseo una feliz Navidad donde Jesús aparezca como centro que nos conduzca a recibir el Espíritu donde acontece todo el Misterio de Dios.
 
            Un abrazo grande
 
Antonio J. España Sánchez, SJ

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