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Una de las acciones de la Provincia es participar, reflexionar, orar y concienciar en la promoción de vocaciones a la Compañía. Desde luego, la vida religiosa del siglo XXI necesita personas que puedan incorporarse y apasionarse con esta Misión eclesial e ignaciana en medio de un cambio de ciclo socio-religioso que dura más de cincuenta años. En Occidente, la religión vivida y expresada cabalmente ha pasado a las periferias culturales. Incluso los cristianos relegan la búsqueda de la propia vocación cristiana a un segundo plano. Importa más la función que se ejerce en un trabajo limitado que lo que uno es y transparenta al desarrollar una Misión amplia en la vida. Esa Misión de cada persona es la que no acaba de potenciarse plenamente y cada uno nos perdemos en nuestros pequeños mundos.

Vivimos así desde hace años y no podemos menos que seguir orando y reflexionando sobre cómo involucrarnos más en la promoción vocacional como pregunta que atraviesa toda nuestra acción apostólica. Dios sigue llamando a tantas personas y estamos invitados a llevar esta implicación individual de la fe en nuestro entorno. No se trata de una labor solo de los promotores vocacionales sino de todos nosotros en conversaciones, encuentros, clases, homilías, ejercicios y servicios diversos a los demás. Esa vocación individual es la que hace posible el compromiso social más amplio en diversos aspectos de la vida.

Nadie está más o menos capacitado para tratar de animar a buscar más profundamente a Dios. Todos estamos implicados en llevar el Evangelio a tantos, como hizo Francisco Javier, porque es una fuente de felicidad, de encuentro con una historia de amor que aumenta las potencialidades vitales para la familia, la profesión, la acción social y política y, cómo no, el servicio directo a la extensión del Evangelio desde la vida consagrada.

Participar, reflexionar, orar y concienciar sobre las vocaciones es un eje que necesitamos seguir vivificando y reconstruyendo para el día a día de nuestra Misión, sea la que sea y tengamos la edad que tengamos. 

Ahora que tenemos cerca la ordenación diaconal de Émile, Marcos, Alain, Carlos y Roberto, pidamos para que más personas como ellos se animen a seguir el camino de Jesús en su Compañía. Pidamos por ellos y por las futuras vocaciones.

Antonio España, sj

 

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