Publicado: Viernes, 05 Febrero 2016

25 años de la muerte de Pedro Arrupe sj

“Me siento, hoy más que nunca, en las manos del Señor. Toda mi vida, desde mi juventud, he deseado estar en las manos del Señor. Y todavía hoy es lo único que deseo. Pero ciertamente hoy hay una gran diferencia: hoy es el Señor mismo el que tiene toda la iniciativa. Os aseguro que saberme y sentirme totalmente en sus manos es una experiencia muy profunda”.

Pedro Arrupe (Bilbao 1907- Roma 1991) se dirigió con estas palabras el 3 de octubre de 1983 a los jesuitas asistentes a la Congregación General 33. Expresó su renuncia como general reflejando al Cristo que habitaba dentro y que lo colmó de una humanidad profunda hasta su último día. Este 5 de febrero de 2016 se cumplen 25 años de la otra vida de Arrupe. La que irradió a quienes vivieron a su alrededor y fueron iluminados por su cercanía transparente, por su belleza interior y su libertad certera. La vida que renovó a la Compañía de Jesús desde la espiritualidad ignaciana al servicio de una fe fortalecida y una justicia aterrizada. Y también las vidas inspiradas por su herencia universal: sus libros, cartas, testimonios y escritos que reflejan su vivacidad, directa y profunda, y que siempre llegan al corazón.

Arrupe nació en Bilbao en 1907 y estudió medicina antes de entrar a la Compañía de Jesús cuando tenía 20 años. En 1938 fue enviado a la misión jesuita en Japón, donde pasaría una buena parte de su vida. Allí experimentó la catástrofe de la primera bomba atómica que explotó sobre Hiroshima y su vida se vio profundamente afectada por este acontecimiento. En 1954 fue nombrado superior de la misión del Japón y en 1965 elegido Superior General de la Compañía de Jesús. Impactado por el clamor de miles de ‘boat people’ vietnamitas, que huían de las secuelas de la guerra en su país, el P. Pedro Arrupe hizo un llamamiento a los jesuitas a "brindar al menos una ayuda a esta trágica situación". Y así nació el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), obra que trabaja por todo el mundo.

El padre Arrupe fue un hombre profundamente humilde, que se inculturó en una cultura tan diferente a la occidental como la japonesa. Fue un hombre de una más que probada fidelidad a la Iglesia, en momentos de gran contradicción y desencuentro. Fue un hombre cuyo centro y modelo fue Jesús de Nazaret, como él mismo dijo “no hay nada en el mundo que me atraiga sino Tú sólo, Jesús mío”. Fue un hombre de profunda oración que llegó a decir pocos días antes de su enfermedad a sus compañeros jesuitas “¡Por favor, sean valientes! Les diré una cosa. No la olviden. ¡Oren, oren mucho! Estos problemas no se resuelven con esfuerzo humano”.

Accede a alguno de sus principales escritos publicados por Sal Terrae y Mensajero. 

Accede a la publicación “El Padre Arrupe que voy conociendo”, de Ignacio Iglesias: 

Accede a vídeos sobre el P. Arrupe. 

Accede al documental de RNE

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