Publicado: Jueves, 14 Noviembre 2019

Sal Terrae: La sinodalidad

Desde el concilio Vaticano II, el concepto “sinodalidad” ha estado muy presente en la vida de la Iglesia católica. Sin embargo, ha sido comprendido y estudiado casi exclusivamente en relación con la estructura de gobierno de la Iglesia universal y, por otro lado, es todavía más un deseo que una realidad. En este número la revista SAL TERRAE quiere acercarse a las diferentes dimensiones de la sinodalidad, en relación con la reflexión teológica, la cultura actual y la vida de los creyentes.

En primer lugar, Santiago Madrigal, S.J. aborda el tema de la sinodalidad desde sus fundamentos teológicos a la luz del concilio Vaticano II y del documento de Comisión Teológica Internacional publicado en 2018 y titulado La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia.

Agustín Blanco se fija en la idea de sinodalidad como una dimensión necesaria en la cultura secular actual. En nuestro mundo las posibilidades de comunicación han aumentado exponencialmente, pero con ellas han crecido también los síntomas de asilamiento y soledad. La cultura de la sinodalidad puede ayudarnos a recuperar los valores ligados a la presencia, la escucha y el compromiso para construir una verdadera comunicación.

Diego Molina, S.J. nos habla de las condiciones necesarias que se han de cultivar para desarrollar la sinodalidad en la Iglesia en los niveles diocesanos y parroquiales y no solo por lo que toca a la iglesia universal, de modo que todos los cristianos se sientan y actúen como corresponsables en la Iglesia.

Paula Depalma sugiere la necesidad de nuevos modos de ejercer el liderazgo en parroquias y otras instituciones eclesiales a la luz de la cultura de la sinodalidad, con especial referencia a la participación de las mujeres

Finalmente, con el artículo de Lucetta Scaraffia, concluye la serie dedicada a las mujeres y la misión de la Iglesia. Reconoce la autora que se han dado pasos importantes, especialmente en el pontificado del papa Francisco, pero señala que aún queda mucho camino por recorrer: no se tiene demasiado en cuenta la aportación de las mujeres en exégesis y teología ni su dedicación y servicio en países donde la escasez de sacerdotes hace que las religiosas actúen de hecho como verdaderas diaconisas. Entre los aspectos que habría que corregir en las congregaciones religiosas femeninas señala las dificultades que todavía impiden en muchos casos una buena formación humana y teológica a las religiosas, que su labor se reduzca al servicio doméstico en instituciones eclesiales y que en algunos casos hayan llegado a ser víctimas de abusos.

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