Semblanza del P. Ramiro Reig Armero SJ

La celebración, el martes 23 de mayo en la iglesia del antiguo Colegio de S.José de Valencia, de la eucaristía en acción de gracias por Ramiro Reig supuso una radiografía de los ámbitos tan distintos de actividad y relaciones que fueron jalonando su itinerario vital. Además de su hermana Elena (RJM) y sus sobrinos, estábamos compañeros jesuitas, gente de comunidades de base y parroquias populares, antiguos curas obreros, pero también (lo cual no es tan habitual en nuestros funerales jesuíticos) militantes y dirigentes sindicales de Comisiones Obreras, líderes políticos de izquierdas, intelectuales de la universidad y del movimiento valencianista… Todos convocados por la relación entrañable con un mismo Ramiro. ¿Cómo fue su vida para mantener unidas tantas dimensiones?

Nacido en Xàtiva en 1936, estudió en el Colegio de San José de Valencia e ingresó en la Compañía en 1954. Uno de sus compañeros de formación recuerda que “sus poesías nos inundaban en el juniorado, filosofía y teología”, porque siempre fue a la vez “contemplativo y activo, poeta comprometido con los problemas de su tiempo”. Estudió teología en Sant Cugat e Innsbruck y fue ordenado sacerdote en 1968. Dadas sus dotes literarias fue destinado primeramente a Zaragoza, para trabajar en la revista “Hechos y Dichos”, pero ya en 1969 pasó a cubrir un hueco como profesor de las Escuelas San José, de Valencia, donde daba clase a los alumnos de Maestría Industrial y Oficialía y se imbuyó de la mística de formar no sólo trabajadores cualificados, sino futuros líderes del movimiento obrero. Empieza entonces su relación con Comisiones Obreras, que se está reconstruyendo en la clandestinidad, y con el Partido Comunista del País Valenciano.

Las movilizaciones en protesta por el juicio de Burgos (octubre 1970) llevaron a que la policía le detuviera (junto con otros compañeros, entre ellos otro jesuita, Rafael Casanova) y el Tribunal de Orden Público le tuviera recluido en prisión preventiva un par de meses en el Colegio de S. José, donde posteriormente aprovecha para establecer la ESPO, Escuela Sindical de Promoción Obrera, para formación sindical. Lo sucedido le llevó a dejar la enseñanza al terminar aquel curso e incorporarse a los equipos ya existentes de jesuitas en Misión Obrera, dedicándose al trabajo manual de 1971 a 1979 en diversas empresas y viviendo en las pequeñas comunidades jesuitas de La Aguja, Barona, luego Montortal, Campanar.

"El ideal nuestro era no solo dar testimonio del Evangelio, sino integrarnos en los movimientos sociales". Así explicaba Ramiro en 2008 a Xavier Corrales en el libro De la misa al tajo, la experiencia de los curas obreros, un compromiso al que fue fiel toda su vida. “Lo que se llamaba una mística de encarnación, …no una mística de transformación. Eso vino luego”. Y en una entrevista publicada en 2002 en El País, Ramiro comentaba: “Durante cinco años trabajé en fábricas del sector de la madera y eso me acercó a CC.OO. Nuestro planteamiento [el de los jesuitas] era totalmente secular. Para mí el seguimiento de Jesús de Nazaret y del evangelio es básico, es el eje fundamental de mi vida, pero esto debe concretarse en el compromiso temporal. Si hay que hacer un mundo más justo, hay que hacerlo al lado de los hombres y mujeres que tratan de conseguirlo.”

En 1978, en el primer congreso de CCOO del PV, en Castelló, es elegido miembro de la dirección por dos años. Pero ante la dificultad de conseguir trabajo se orienta a algo que nunca dejó, la investigación y la docencia, en la Universidad. Profesor de Historia de las Instituciones Económicas en la Facultad de Economía de la Universidad de Valencia hasta su jubilación definitiva en 2013, Reig ha sido una referencia para la cultura valenciana, siendo miembro del Consell Valencià de Cultura (1989-1995). Si en 1978 publicaba junto a Josep Picó el libro Feixistes, rojos i capellans, que abordaba la relación de la iglesia con la sociedad valenciana a lo largo del siglo XX, en los años ochenta aportó títulos como Obrers i ciutadans (1982) y Blasquistas y clericales (1986) en los que abordaba la compleja relación del republicanismo blasquista con la formación del movimiento obrero. Fruto de su profundo conocimiento de la historia del blasquismo fue su interés por la figura de su inspirador, que le llevó a publicar en 2002 una iluminadora biografía de Vicente Blasco Ibáñez. Más tarde, en 2009 su mirada se hizo todavía más amplia y publicó Las grandes corporaciones del siglo XX, una aproximación a los "gigantescos edificios del mundo empresarial" y sus creadores. 

Ha mantenido la relación con el sindicato CCOO a través de la Fundació d’estudis i iniciatives sociolaborals (FEIS), que presidió durante varios años, formando parte de su patronato hasta ahora. FEIS conserva en su biblioteca un importante fondo, que lleva su nombre, fruto de donaciones realizadas por él. “Pero por encima de todo nos queda su ejemplo de militancia comprometida, de rigor y capacidad crítica en el análisis, de humanismo en la acogida, de respeto y disponibilidad para el servicio, de profunda amistad”, escribe uno de sus amigos En su homilía durante el funeral, Eduardo Serón trató de aproximarse así a las claves internas de este recorrido exterior: “La fe y la justicia se piden una a otra, se necesitan una a otra, podemos decir. Y cuando se viven de una forma radical pueden dar lugar a situaciones que no es fácil entender. En el caso de Ramiro, da lugar a dos pertenencias o vinculaciones, la pertenencia a su vocación de jesuita, de seguidor y compañero de Jesús, y la vinculación a su compromiso social y sindical: una síntesis, difícil de lograr y de mantener, porque en estas síntesis no es fácil encontrar el punto de equilibrio que nos gustaría, no existe tal punto.

Éste va a ser un problema a lo largo de sus años de vida: algunos no entenderán que siga siendo jesuita y otros no entenderán sus vinculaciones políticas. Pues habrá personas que tirarán la toalla y se quedaran con una sola pertenencia o vinculación. Ramiro, a pesar de las dificultades que se le presentaban de cuando en cuando, quiso demostrar que era posible armonizar tanto su vocación de jesuita como sus tareas sindicales. Siendo realista y desde el conocimiento de la vida de Ramiro, me parece que se puede decir que la Compañía de Jesús hizo siempre un esfuerzo por comprenderlo, sobre todo porque veía en él una persona que siempre pretendía tender puentes y que veía la necesidad de mediaciones y tiempos largos. Creo también que los últimos años de Ramiro han sido un intento grande por manifestar más claramente su vinculación jesuita en los detalles ordinarios de su vida en la Compañía.”

Descanse en paz Ramiro Reig, testigo fiel del evangelio, participante con tantos otros en el relato colectivo del mundo obrero y la transformación social, palabra brillante en la investigación y las publicaciones, pero especialmente en la conversación amistosa, jesuita ejemplar y congruente con sus votos, incluso muy institucional pese a los problemas que tuvo por su presencia coherente en ambientes de frontera, haciendo suya aquella frase de Dietrich Bonhoeffer (16.07.1944), que a él tanto le gustaba: “Ante Dios y con Dios, vivimos sin Dios”.

Alberto Guerrero y Álvaro Alemany
Valencia, 23.05.2018

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