Semblanza del P. Antonio Ordóñez Márquez SJ

"Me han diagnosticado cáncer de páncreas y me voy a morir antes de Navidad. Pero estoy muy contento de que volvamos a ser compañeros de comunidad". Antonio me mandó un mensaje de este tono pocos días después de que le comunicaran la enfermedad. Yo le había escrito desde Loyola para decirle que el provincial me enviaba a vivir a Llúria (Barcelona). Enseguida le llamé y entre otras cosas le dije: "Antonio, ¿cómo me comunicas esto así?". Su respuesta: "¡Contigo no hace falta echarle azúcar!". Entonces me comentó que se trataba de un cáncer terminal y que estaba preparado para afrontar la muerte y disponerse para el encuentro con Jesús. El 20 de julio de 2020 escribía en su blog: "Siento ser yo el que da la noticia, pero prefiero hacerlo. Es más humano, une nuestros hilos interiores con el otro y nos permite ser y sentirnos vulnerables".

Esta anécdota refleja bien la intensidad, la espontaneidad y la entereza con las que Antonio vivió su muerte. Lo hizo con las mismas con las que vivió la vida. Sus últimos días, antes de contraer el coronavirus, fueron difíciles. Se encontraba cada vez más débil y a pesar de las esperanzas, intuíamos que habíamos de prepararnos -si es que se puede- para despedirle. Con todo, Antonio afrontó el final como si ya estuviese maduro para ello y acogiéndolo con un tierno espíritu de confianza, de fe. En nuestra última conversación a fondo, pocos días antes de fallecer, insistía en que para él aquel era un tiempo para prepararse bien al encuentro con el Señor. También comentaba cómo le dolía el sufrimiento que en otros podía causar su muerte, especialmente en sus padres. Buena es esta afirmación suya para ilustrar su intensidad existencial: "Y alguno se preguntará... ¿y qué clase de ultramaratón ha corrido el Antoñito? Pues el de la vida más intensa" (Entrada de su blog, 5 de febrero de 2013)

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