El P. Carlos nació en Villaviciosa (Asturias) el 10 de abril de 1943, fue bautizado en la Iglesia Parroquial el 14 del mismo mes, aniversario de la proclamación de la república española. Le gustaba destacar este hecho, y aun decía que había condicionado su ideario político. Algo, sí. Lo cual no impidió para que dos años más tardes aquel gobierno se incautara de la casa y las tierras de su familia, y tuviera que emigrar con dos años a Portugal, donde estuvo hasta el final de la guerra civil. Cuando los compañeros mayores, por ejemplo, el P. Gumersindo Treceño, aireaban y aun alardeaban de sus destierros del año 32, el sacaba a la palestra el suyo del 36, con un mérito añadido.

-Yo era un niño inocente.

Recitaba de memoria la noticia tal como apareció en un periódico de de Gijón: «En Villaviciosa, el Gobierno de la República se ha incautado de la casa y tierras de los González-Cutre, familia de curas y militares».

Los militares eran dos tíos suyos, que llegaron al generalato; los curas, tíos suyos también, fueron los PP. Carlos y Vicente. Carlos fue misionero de China. Escribió a su madre, desde Hongkong:

-«Cuando llegaron los comunistas, al principio nos trataron bien; nosotros felices. De repente cambiaron y no pusieron a caminar con lo puesto, hambrientos, helados, insultados, un mes, hasta la frontera. A pesar del deber que todo buen español tiene de odiar a los ingleses, cuando vimos a lo lejos la bandera de Inglaterra ondeando en Hongkong, unimos nuestra gratitud a Dios Nuestro Señor y a Albión, que ya no nos pareció pérfida sino amiga».

El P. Vicente, destinado al Brasil, fue provincial de la provincia Goyano-Minense. Carlos era consciente de que el Señor se sirvió del ejemplo de sus tíos para hacerle oír la llamada a la Compañía de Jesús, pero la voz decisiva fue la que escuchó durante su estancia en nuestro colegio de Gijón, en el que estudió sólo un año, el último de bachillerato; interno. Repetía anécdotas que demostraba la autoridad prusiana del P. Prefecto, Enrique von Riedt.

-Nos dominaba con los ojos, y conocía todas nuestras andanzas de los domingos por la tarde. Programaba las películas que podíamos ver y se enteraba si habíamos ido a otras.

Los seis primeros años de bachillerato los cursó en un colegio de Villaviciosa. El paso al de jesuitas, lo forzó él mismo, informando a sus padres de la probabilidad de legar a las manos con alguno de los profesores; o con algunos, aclaraba.

No podía soportar las arbitrariedades o los engaños, ni entonces ni después; y tampoco le falto nunca el genio. Todavía en su ancianidad, las elecciones autonómicas y las generales le inquietaban la conciencia porque no quería contribuir a la victoria de corruptos. Las injusticias, sobre todo las que se derivaban de los sistemas de cualquier orden, le indignaban, le dolían casi físicamente, y más si se aprontaban ideologías que las explicaran.

Descargar la semblanza completa en este enlace

 

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto