El P. Emilio nació en Hoz de la Vieja, pueblo de Teruel, en los tiempos inestables del reinado de Alfonso XIII. Su pueblo natal alcanzaba, en 1923, la cifra aproximada de 900 habitantes. Emilio creció fuerte y dinámico, en ambiente familiar de temple recio; y sufrió como adolescente las convulsiones y los miedos de la guerra civil española (1936-1939), particularmente intensa en aquella comarca turolense.

A sus dieciséis años de edad (1939), apenas terminada la contienda bélica, entró en el Noviciado de Santa María de Veruela, a los pies del Moncayo –diócesis de Tarazona–. Aquella mansión, antiguo monasterio cisterciense del siglo XIII, había servido a la Compañía de Jesús, desde el año 1877, como casa de formación para quienes iban a ser destinados como misioneros a Cuba y Filipinas. Como novicio y junior – estudio de Humanidades – permaneció Emilio hasta 1945. Fue enviado por los superiores al Colegio Máximo y Filosofado de Sarriá –Barcelona-, en donde cursó dos años. Apenas concluidos sus estudios de Filosofía, hizo el Magisterio durante un curso (1947-1948) en el Colegio de San José de Valencia. Otro año más de Magisterio en San Sebastián (1948-1949). Sus estudios de Teología en Oña –Burgos-, transcurrieron de 1950 a 1954. Inmediatamente fue destinado a la Tercera Probación en Gandía –Valencia– de 1954 a 1955.

Una de las épocas más largas y fructíferas de la vida de Emilio, -cuando este que escribe se encontró con él-, tuvo lugar en el Colegio del Salvador –Zaragoza-, durante los años 1955–1970. Fue entonces cuando, revistiendo el encargo de padre espiritual de los alumnos de 4º a 6º de bachillerato, el P. Emilio demostró su tenacidad en el seguimiento espiritual personalizado con los muchachos. Hombre claro y exigente, se mostraba muy piadoso ante la Virgen María, y nos enseñaba a repetir: «Por la Virgen Inmaculada, siempre más y mejor». Fue por entonces cuando inició la obra de los Montañeros y montañeras de Santa María, ganando adeptos para ella a alumnos y alumnas de otros colegios de Zaragoza, y teniendo como punto geográfico de referencia el área pirenaica de Canfranc –Huesca-. Emilio iba siempre delante del grupo, como cabo gastador, infatigable siempre, convencido de que el esfuerzo merecía la pena. «A los jóvenes hay que exigirles siempre: de lo contrario, no perseveran». Elegantemente, el P. Emilio logró zafarse del compromiso con organizaciones gubernamentales dedicadas a campamentos de jóvenes. Logró definir el perfil confesional de los grupos dirigidos por él, gracias también al apoyo de otros jesuitas, como el Venerable P. Tomás Moreno, y los Padres Almellones y Lloréns, entre otros.

Emilio fue coordinador de la Federación Archidiocesana de Congregaciones Marianas juveniles de Zaragoza (1956-1969). Le costó mucho aceptar llanamente la conversión de las Congregaciones Marianas en Comunidades de Vida Cristiana. Asimismo, fue nombrado responsable de vocaciones dentro de la Confer. En 1970, coincidiendo con el traslado del colegio al nuevo colegio del Salvador, situado en el barrio de la Romareda, casi en las afueras del Sur de Zaragoza, fue destinado a la Residencia del Sagrado Corazón, en el centro de la Ciudad, en donde permaneció desde 1970 hasta 1985. Fue entonces cuando se convirtió en escritor de libros para los Montañeros de Santa María, pidiendo ayuda, entre otros, a su compañero jesuita Emilio Anel. Estuvo luego en la nueva residencia del Sagrado Corazón, continuando con su costumbre de poner por escrito sus convicciones sobre el perfil de “Montañeros”. Pasó a continuación, en el 2000, a la comunidad del nuevo Colegio del Salvador-Jesús María. En 2012 recibió la insignia de oro de los antiguos alumnos de dicho colegio. Y, mientras estaba orando “pro Ecclesia et Societate”, tuvo el coraje de redactar su libro: ¿Quién es Jesús?, que le ha sido publicado por Ediciones Paulinas.

Conservo con mucho aprecio –permita el lector este detalle personal– un crucifijo de plata que el P. Emilio me regaló hace pocos años. El día de su paso al Padre, lo mostré a quienes asistieron a la Eucaristía matutina, agradeciendo a Dios por los beneficios que me llegaron a través del P. Emilio Gracia. Descanse en paz.

Fernando de Lasala Claver, SJ
Huesca, 5 de diciembre de 2017
 

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