A los 94 años de edad, recién cumplidos, terminaba su vida en la tierra para ponerse en manos de Dios.

Desde el magisterio, una vez terminada la Tercera Probación, fue destinado a la enseñanza: Areneros, Chamartín, Maldonado, Escuela P. Piquer, fueron los centros en los que realizó la tarea de profesor de religión y otras materias. Durante la etapa de Chamartín, en los veranos, acompañaba a los alumnos a Francia para perfeccionar el francés. Él recordaba esta experiencia con gran ilusión con sus anécdotas y aventuras.

Al final de esta etapa entró en contacto con la Renovación Carismática, a la que se dedicó con gran ilusión. Y efectivamente, el año 2001 fue nombrado coordinador nacional de Grupos de Renovación Carismática.

Al P. Amando lo conocí personalmente cuando fui destinado a la Residencia San Pedro Fabro de Madrid el año 2011, en ella vivía ya él. Y allí conviví con él hasta que el año 2016, por su estado de salud fue destinado a Alcalá de Henares.

Durante esta época de convivencia con el P. Sanz Escorial quiero destacar: su perfil humano; el jesuita; y el religioso apóstol.

1.- Perfil humano: era una persona pacífica, con sus ideas fijas, intervenía poco en las conversaciones, pero estaba a gusto escuchando; se sentía muy acogido por los que le gastaban alguna broma. Y cuando notaba sus ausencias, enseguida preguntaba dónde estaban. Solía decir que era del Real Madrid y que desde joven tenía el carnet de pertenecer al club, aunque nunca había ido al futbol, ni lo veía por TV. Pero se alegraba al saber que había ganado su equipo.

Durante esta esta etapa de su vida ya estaba bastante deteriorada su memoria y preguntaba varias veces el nombre de la misma persona.

2.- El Jesuita: Era una persona fiel a lo que tenía que hacer como religioso: fidelidad a la Eucaristía, que celebraba siempre a la misma hora, rezo de la Liturgia de las Horas, oración comunitaria etc. Siempre era puntual, y si por alguna causa no podía asistir, lo notificaba al Superior. Con gran interés seguía las orientaciones del Superior, y mostró una gran estima hacia ellos.

3.- El apóstol: Tuvo en gran aprecio la Renovación Carismática y a ella se dedicó con gran entusiasmo. Asistía a todos los encuentros tanto nacionales como internacionales. Y así también daba retiros, de inspiración carismática, allí donde era solicitado.

Desde esta espiritualidad carismática, tenía dos ideas obsesivas: la posesión diabólica y la sanación.

En cuanto a la primera, era mucha la literatura que había acumulado sobre el tema, solía decir que tenía permiso del Obispo para echar los exorcismos a los que se presentaban a él, con presunta posesión diabólica. En cuanto a la sanación, estaba convencido que eran dones presentes en la comunidad y se apoyaba en las palabras de San Pablo, diciendo que a algunos “el Espíritu da el don de curar…”.. Por eso diariamente acudían a él, personas venidas de todas partes para que les impusiera las manos, los ungía con aceite y rezara por ellas. Después de estos encuentros, marchaban contentas y con paz.

En alguna ocasión, al tener noticia de su posible traslado a Alcalá, un grupo de estas personas fieles, intercedió ante el Superior de la Comunidad para que no lo trasladasen. “A mí me impuso las manos y me curé”, decía una persona del grupo; “es un santo”, repetía otra.

El P. Amando, a su manera, ha sido un buen religioso.

¡Descanse en paz!

Ricardo Rodrigo, s.j.
Oviedo 9 de febrero de 2018
 

 

 

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