Publicado: Martes, 15 Mayo 2018

Desde la comunidad de San Saba (Roma)

Con el cierre definitivo del Juniorado de Salamanca en 2016, se consolidaba como único Filosofado para la Provincia de España la comunidad de San Saba, en Roma. De este modo, todos aquellos jesuitas que, según la formación ignaciana, deben realizar estudios de Filosofía, somos destinados a esta casa, donde nos unimos a compañeros de diferentes países del sur de Europa que se encuentran en nuestra misma etapa de formación.

Siendo el estudio la misión principal, nos dedicamos a ella intentando poner todas nuestras capacidades. Por ello nuestro tiempo lo pasamos dividido en tres espacios:

 a) La parroquia de San Saba, donde se encuentra nuestra comunidad. En este momento somos 23 jesuitas, de los cuales 4 son formadores y 19 escolares: ocho italianos, cinco españoles, dos portugueses, dos malteses y dos rumanos. Casi todos estamos estudiando el bienio de Filosofía, necesario para poder estudiar la Teología, pero siempre hay excepciones según personas; por ejemplo nuestro compañero Arnold, maltés, estudia Psicología. De los españoles, uno está terminando el segundo año de Licencia (Luis), tres hacemos el segundo año del bienio (Nacho, Jose, Rodrigo) y otro el primero (Alberto). Los primeros días, incluso meses, suponen un shock: salimos del Noviciado con todo organizado, el tiempo distribuido, los cimientos puestos… y con esa base hacemos los votos en Loyola, para al día siguiente aterrizar en Roma sin saber una palabra de italiano y empezar de nuevo, en una comunidad que, además de su reciente nacimiento, cada año se renueva con nuevas oleadas de “juniores”. Pero a pesar del impacto inicial, esta comunidad se presenta como una oportunidad única que nos ayuda a entender que aunque administrativamente entramos en una Provincia, realmente entramos en la Compañía universal. El compartir vida y estudio con compañeros cercanos en edad e inquietudes siempre es un regalo.

b) La Pontificia Universidad Gregoriana, que nos ofrece una visión amplísima y muy rica de la Iglesia universal, lo cual consideramos una riqueza, con grandes oportunidades para desarrollar relaciones internacionales, compartir las diferentes vocaciones (religiosas y laicas), aprender de otras culturas… Además, el estudio de la filosofía nos ayuda a entender mejor el mundo y las personas que en él vivimos, pero también tiene un punto de reto y reformulación de la propia vocación, que poco a poco sigue madurando desde el Noviciado.

c) El lugar donde cada uno realice su apostolado. Teniendo en cuenta que nuestra misión es el estudio, el trabajo pastoral es reducido, pero a la vez intenso: es un puente con la gente, aquella a la que queremos servir, y nos ayuda a no perder contacto con la vida diaria de la gente “normal”, ante la amenaza de desconectarnos y dedicarnos solamente al estudio teórico. En este sentido, el apostolado es un momento para descubrir que el estudio que realizamos no es para ser los mejores, sino para poder ayudar mejor al que tenemos delante: para ayudar hace falta formarse bien. Con esa base, ayudamos en diferentes realidades de la ciudad: refugiados, scouts, catequesis, grupos de jóvenes, inmigrantes…

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