Publicado: Miércoles, 18 Marzo 2026

Diálogo para recuperar humanidad, en el Centro Pignatelli

Recuperar la humanidad es la propuesta central para 2026 del Seminario de Investigación para la Paz de Zaragoza. Más profunda que las múltiples crisis particulares es la pérdida de humanidad, la inhumanidad, la deshumanización.

Después de debatir en las dos sesiones anteriores la interioridad y la igual dignidad de todos los seres humanos como dimensiones a recorrer en la recuperación de la humanidad, en marzo se propuso la cultura de diálogo como base de la convivencia. No se trata sólo del diálogo como un hecho singular en momentos particulares de emergencia sino de una cultura, un cultivo día a día que prepara la tierra para acoger las semillas de paz. Diálogo no es un hecho positivo pero aislado, es una forma de relacionarse dentro de una visión antropológica que incluye la con-vivencia como parte de la identidad humana, no simplemente apelando a la super-vivencia frente a otros.

El método seguido en esta sesión no partía de conceptos teóricos sino de las experiencias de grupos o instituciones que habían utilizado el diálogo en circunstancias históricas concretas y de las conclusiones tanto positivas como negativas a que habían llegado que podían ser propuestas universalmente.

La profesora de Ecología de la Universidad de Alcalá, y representante de la Comunidad de Sant’Egidio en España, Tiscar  Espigares, partió de la experiencia de diálogo de esta institución en contextos preferentemente internacionales cuyo primer hito había sido Mozambique y que después se extendió progresivamente. Agustín J. Blanco Martín, profesor de Sociología y Ciencia Política de la Universidad Pontificia Comillas y director de la Cátedra de la Cultura del Encuentro, hizo memoria de la experiencia del jesuita José María Martín Patino conocido por su pasión por el diálogo y el encuentro en los momentos convulsos de la transición española a la democracia.

Tiscar  Espigares espigó de la experiencia de Sant’Egidio una serie de rasgos: el convencimiento de que la paz siempre es posible; el diálogo necesita tiempo, no tiene prisa; es cosa de todos sin dejar a nadie fuera; no se puede deshumanizar al supuesto enemigo que merece respeto; el diálogo puede ser débil, pero resulta al final más fuerte que el odio; no puede quedarse sólo en expertos sino implicar de base a toda la sociedad; la guerra comienza siempre antes de que se usen as armas; con preferencia hay que escuchar a las víctimas.

Agustín Blanco, desde su experiencia de la Fundación Encuentro, se preguntó por qué fue posible el diálogo para hacer la transición en España y está resultando tan difícil ahora. Identificó tres factores principales aunque no únicos. Quienes buscaban ansiosamente el tránsito a la democracia eran hijos de la ira, del desencuentro y la violencia, que producía a la vez miedo y responsabilidad; hoy quizá vivimos una confianza ingenua y emocional. Existía una relación personal cara a cara entre quienes profesaban ideologías distintas y había espacios físicos donde se encontraban. Hoy la relación apenas es presencial y las redes no son espacio para ello sino convierten en espectáculos cualquier encuentro personal. Entonces era evidente la complejidad de la situación y la dificultad de su salida. Ahora se polarizan alternativas muy simples como identidad a menudo emotiva pero no siempre fundada en la verdad.

Introdujo la sesión Carlos Piñeyroa, cofundador de la asociación "Hablamos", dedicada a la mediación penal, penitenciaria y la gestión de la convivencia en Aragón  En la parte pública de dos horas participaron 80 personas, y el grupo de trabajo posterior durante tres horas se compuso de 20 personas. Se pidió una mayor colaboración y aportación mutua tanto con  la Comunicdad Sant’Egidio como con la Cátedra de Cultura de Encuentro de la Universidad Pontificia Comillas.

La sesión puede seguirse en diferido en Youtube Fundación SIP: https://www.youtube.com/watch?v=jgbK7zZNALw&t=26s

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