Publicado: Martes, 21 Abril 2026

Un momento significativo en la misión compartida en Granada

 La Iglesia del Sagrado Corazón de Granada ha vivido una Pascua que marca un hito en su historia reciente. Tras meses de discernimiento para transitar de un "templo de paso" a una "comunidad de misión", este Triduo Pascual ha sido el escenario donde esta nueva identidad ha cobrado vida, uniendo a jesuitas y laicos en un solo cuerpo apostólico bajo el carisma ignaciano.

El camino comenzó el Domingo de Ramos, presidido por Jaime Flaquer SJ. Inauguramos la semana con la novedad de la bendición de los ramos en el patio interior de la comunidad, seguida de una procesión hacia el templo que fue un fiel reflejo del clima de comunión que estamos construyendo. Lo más destacado fue la implicación de la comunidad en todos los niveles: desde las moniciones y lecturas hasta la cuidada coordinación y las ofrendas, donde también participó la Hermandad de "Los Gitanos" como parte de la diversidad que acoge nuestro templo. Todo el pueblo de Dios se sintió protagonista de una celebración viva y participada.

Un elemento clave de este itinerario ha sido la ambientación espiritual a través de las charlas ofrecidas durante el Triduo Pascual por Javier Castillo SJ. Sus reflexiones ayudaron a situar el corazón en el misterio de cada día, permitiéndonos "sentir y gustar" internamente la hondura de lo que celebrábamos.

El Jueves Santo, la Cena del Señor fue presidida por Emilio Veza SJ. Fue una liturgia entrañable, fruto del esfuerzo conjunto en la preparación de materiales, la organización de la sacristía y una coordinación que permitió que cada gesto, como el lavatorio de los pies a hombres, mujeres y niños de la comunidad, fluyera con naturalidad y sentido de servicio. La jornada culminó con la Hora Santa preparada con esmero por las Jesuitinas del juniorado de Granada.

El Viernes Santo, en un clima de hondo silencio, conmemoramos la Pasión y Muerte del Señor en una liturgia presidida por Fernando Arrocha SJ. La comunidad se unió en la adoración de la Cruz, eje de una tarde de agradecimiento por la entrega total de Jesús, apoyada por la meditación matutina que nos invitó a permanecer fieles en la adversidad.

La Vigilia Pascual, presidida por Javier Castillo SJ, supuso el estallido de la luz y la alegría. Cabe destacar de manera especial la implicación del coro, cuya presencia y voces han mostrado una consolidación creciente en estos días. Su música no sólo acompañó, sino que infundió una vitalidad que ayudó a la comunidad a reconocerse resucitada. El fuego nuevo dio paso a la luz del Cirio y a la alegría de la Resurrección. Al mirarnos a los ojos durante la Eucaristía, nos reconocimos como una comunidad resucitada con Él, recordándonos que la muerte no tiene la última palabra.

Esta Semana Santa ha sido el testimonio de una colaboración ejemplar. La suma de voces en las lecturas, el servicio en las ofrendas y el trabajo silencioso de coordinación han hecho posible una vivencia pascual profunda. La noche terminó brindando con una copa de vino y la alegría compartida de quienes saben que este es sólo el comienzo de un camino juntos, camino como Comunidad de Misión.

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