San Pedro Claver invita a soñar un mundo más justo y fraternal
El pasado 9 de septiembre, la fiesta de San Pedro Claver reunió un año más en Verdú a vecinos y vecinas de la localidad, sacerdotes y una veintena de jesuitas. En su homilía, el obispo Daniel Palau invitó a dejarse interpelar por la vida del santo jesuita y a comprometerse con las personas que viven solas, excluidas o desamparadas.
Verdú celebró el miércoles 9 de septiembre la festividad de San Pedro Claver, el jesuita nacido en esta localidad del Urgell que dedicó su vida al servicio de los esclavos que llegaban al puerto de Cartagena de Indias.
La eucaristía, en la parroquia de Santa María, estuvo presidida por el obispo de Lleida, Daniel Palau, y concelebrada por Mn. Xavier Romero, párroco de Tàrrega, Mn. Joan Viladot, Pau Vidal SJ y una veintena de jesuitas procedentes de las comunidades de Lleida, Manresa, Sant Cugat, Badalona y Barcelona.
San Pedro Claver nos impulsa a soñar y a ser audaces
En su homilía, el obispo Daniel presentó la vida de Pedro Claver como una invitación a no conformarnos con la realidad tal como es. Su testimonio, destacó, nos empuja a soñar, a ser audaces y a trabajar por el sueño de Dios de un mundo más justo y fraterno.
Pero este compromiso necesita también paciencia. Los procesos humanos requieren tiempo y no siempre dan frutos inmediatos. En este sentido, el obispo recuperó una expresión de otro santo jesuita, Pedro Fabro SJ, recogida también por el papa Francisco: «El tiempo es el mensajero de Dios». Una invitación a no querer dominar los ritmos de las personas y de la realidad: «Que el hombre no se haga dueño del tiempo, sino servidor».
Con un tono cercano y cordial, la homilía puso también el acento en una actitud muy concreta que atraviesa la vida de Pedro Claver: cuidar y amar a quienes tenemos cerca, sin prejuicios. Mirar especialmente al hermano que queda solo, excluido, desamparado o sin recursos y dejar que esta realidad nos comprometa.
Una fiesta compartida con todo el pueblo
La celebración, con una presencia especialmente cuidada del canto y la música, contó también con la participación del pueblo de Verdú en las ofrendas. Uno de los momentos más significativos fue la ofrenda de las cadenas, símbolo de aquellas que Pedro Claver encontró en tantos hombres y mujeres privados de libertad y dignidad. El gesto sirvió para mirar también el presente y recordar otras cadenas que todavía condicionan a las personas y a la sociedad: «nuestros miedos, egoísmos, indiferencias, comodidades, heridas y todo aquello que nos impide amar y servir con libertad». La ofrenda concluyó con una llamada a continuar desde Verdú el legado de Pedro Claver y a ser hoy «instrumentos de libertad, dignidad, misericordia y esperanza».
Al finalizar la celebración, como es tradicional, se celebró la procesión de la reliquia de San Pedro Claver hasta su santuario, en la casa natal del santo, donde fue venerada. La jornada continuó con la tradicional baile de sardanas en la plaza y con la comida de fraternidad de los sacerdotes con el obispo, cerrando una mañana en la que Verdú volvió a recordar a su hijo más universal y, sobre todo, a dejarse interpelar por una vida puesta al servicio de quienes quedaban en los márgenes.