Publicado: Viernes, 11 Mayo 2018

Entender la Compañía como colaboradora de algo más grande

El P. General, Arturo Sosa, ha definido a los 400 jesuitas y laicos que han acudido esta tarde-noche al encuentro en la Residencia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja de Madrid (Maldonado) como “un cuerpo de amigos del Señor y amigos en el Señor”. La cita ha tenido lugar en el marco de su visita a la Provincia que se prolongará desde hoy hasta el 14 de mayo.  

Arturo Sosa centró su intervención en cinco puntos: el sentido de cuerpo apostólico, la importancia de la comunicación como herencia ignaciana de cara al futuro, la necesaria conversión ecológica, las vocaciones y los grandes desafíos de la Iglesia y, por tanto, de la Compañía.

La imagen de la vid y del cuerpo y sus miembros fueron los símbolos con los que el P. General describió la colaboración y la importancia de la diversidad en ese mismo cuerpo: “El hacernos colaboradores, hace posible el funcionamiento del cuerpo”. Y señaló que tenemos el desafío de entender a la Compañía como colaboradora de algo más grande que ella misma, de la misión de la reconciliación. Por tanto, pidió a los presentes que se sintieran como un cuerpo mayor, un cuerpo más grande, la Iglesia, o como una de las ramitas de la vid, que está injertada en el tronco que es Jesús. En esta tarea se refirió también específicamente a la colaboración con aquellos hermanos que no comparten la misma fe cristiana pero que están comprometidos a fondo en las obras de la Compañía y concretó que adquiriendo la libertad interior que permite ponernos al servicio de los demás, será donde acertemos en esa colaboración.

Se refirió a la visión de la CG36 sobre la colaboración: “La CG36 (…)ha insistido en la importancia de los cómos, nos ha invitado a revisar cómo realizamos nuestros apostolados, para que incorporemos en nuestro modo de ser el discernimiento en común, la planificación apostólica, la colaboración, y el trabajo en red como el modo ordinario en el que trabajamos”. Insistió en que el discernimiento debe culminar en la planificación, “las dos cosas deben ir juntas”. Ahondó también en las tres dimensiones “entrelazadas” de reconciliación del Decreto 1 de la CG36 (“Compañeros en una misión de reconciliación y de Justicia”): reconciliación reconciliación entre nosotros, en un mundo lleno de violencia, desigualdades, emigrantes no aceptados, injusticia… reconciliación con la naturaleza, con el medio ambiente y la Creación y reconciliación con Dios.

Vocación a la vida religiosa

En un segundo lugar, el P. General profundizó en la importancia de la comunicación -como herencia ignaciana- de cara al futuro, ya que la Compañía nació como cuerpo unido y en dispersión y eso es imposible si no hay una buena comunicación. En el otro sentido, reconoció que además la Compañía es un cuerpo que nace para comunicar fuera la buena noticia del Evangelio. Y abogó por aprovechar el contexto actual en el que lo que caracteriza a la humanidad es la Comunicación para aceptar ese “doble reto de mejorar tanto la comunicación que produce la vitalidad del cuerpo apostólico, como la manera de comunicar el anuncio de la buena noticia que es nuestra razón de ser”.

Respecto a la necesaria conversión ecológica confesó Arturo Sosa que “en el Cuidado de la casa común, que ha puesto sobre la mesa el Papa Francisco, estamos suspensos, para la Compañía es una asignatura pendiente”, porque seguimos formando parte de la humanidad que contribuye al deterioro del medio ambiente con nuestro estilo vida (nuestras construcciones, estilo de vida, los plásticos…) Ahí “necesitamos conversión, interiorizarlo” y supone un esfuerzo bastante grande. Y también aplicarlo en nuestro apostolado, en cómo nuestra pedagogía contribuye a ir transformado el tema ecológico como un tema cultural, en nuestros colegios, en el trabajo parroquial y el trabajo por la justicia.

Sobre las vocaciones, afirmó Arturo Sosa que no podemos olvidar que es una llamada y quien llama es el Señor, es un tema de gracia y ésa es una premisa que no podemos olvidar. Admitió que sabemos que el Señor no cesa de llamar, que no es que no llame sino que hay una decisión libre de grupos de seres humanos que eligen aceptar o no. Y para Sosa, ahí está el tema: “¿Cómo creamos las condiciones personales y grupales para escuchar la llamada? Posiblemente hay mucho ruido alrededor de nuestras vidas, de los más viejos y de los jóvenes, que no permite escuchar la llamada. Por eso enseñarnos y practicar a hacer silencio interior es muy importante para poder escuchar la llamadas”. Por tanto, “El desafío para nosotros es ofrecer los espacios, para escuchar la llamada, para acompañar los procesos y para vivir la vida cristiana”. Y también ser de verdad un ejemplo de personas consecuentes, coherentes con su vida apostólica, con entusiasmo y especialmente rescatar la imagen de la Compañía como Vida consagrada. Sobre esta idea explicitó que “La vocación a la Compañía no es una vocación al sacerdocio, sino a la vida religiosa, una vocación que también incluye para algunos de sus miembros el ministerio sacerdotal”. En ese sentido reconoció su preocupación por la falta de vocaciones de hermanos jesuitas: “La Compañía ha tenido durante toda su historia, hermanos jesuitas y debo decir que si algo siento en ente momento, como una falta, son los hermanos”.

Por último, se refirió a los grandes desafíos de la Iglesia hoy. El primero, encarnar la eclesiología del Vaticano II para que la iglesia se convierta en el pueblo de Dios, una iglesia laica, comunidad de comunidades, abierta a la inspiración del Espíritu Santo, y capaz de discernir. El segundo desafío es cómo la iglesia se fija más en el poder de los signos que en los signos del poder y alabó cómo el Papa Francisco ha ido despojándose de los signos y símbolos del poder del papado. Y el tercer desafío es la formación de los ciudadanos universales en un mundo intercultural. Es decir, cómo hacemos para que la globalización no signifique homogenización, para valorar la interculturalidad como valor universal y conseguir una ciudadanía que se ponga al servicio del bien común.

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