Publicado: Lunes, 04 Junio 2018

La Iglesia ante el reto de las migraciones, con el cardenal Juan José Omella

El pasado miércoles 30 de mayo el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, visitó el centro de estudios Cristianismo y Justicia. Omella mantuvo un encuentro con el equipo del centro, durante el cual pudo conocer cuáles son en estos momentos sus actividades principales y perspectivas de futuro.

Posteriormente, Omella participó en acto abierto sobre la respuesta que da la Iglesia ante el reto de las migraciones y que consistió en un diálogo sobre esta cuestión con el jesuita Alberto Ares, delegado del sector social de la Compañía de Jesús. El acto fue moderado por la periodista Laura Mor.

El cardenal Omella recordó que la Iglesia, y así lo ha expresado claramente el Papa Francisco, debe poner los pobres en el centro de la vida cristiana, y esto tiene que tocar forzosamente la actitud frente a las migraciones.

Alberto Ares, autor del cuaderno "Hijos e hijas de un peregrino. Hacia una teología de las migraciones", considera que la realidad migratoria, en tanto que "signo de los tiempos", necesita ser abordada con mayor profundidad por la reflexión teológica. Según el jesuita, hay que recuperar de la Biblia y de la tradición apostólica una mirada que está marcada por las experiencias migratorias, el exilio, la acogida y la hospitalidad.

No se habló sólo de la reflexión y la mirada teológica, sino del compromiso y de la acción que necesariamente debe impulsar. El P. Alberto Ares, que cuenta con larga experiencia en el acompañamiento de comunidades migrantes, reclamaba a nuestras familias y comunidades más contacto directo con la realidad de la migración. 

En la misma línea se expresaba el cardenal Juan José Omella, que lamentaba que siempre queda mucho por hacer y reconocía las dificultades que hay que afrontar para hacer una buena acogida. "Debemos tener claro que nadie es dueño de esta tierra, de esta ciudad y de este barrio, pero tenemos dificultades para hacer una buena acogida". 

Para vencer estas dificultades, Omella apuesta por una acogida serena que pasa sobre todo por escuchar al otro, y no sólo al recién llegado sino que a menudo también hay que conocer los vecinos del rellano de la escalera. Al mismo tiempo el arzobispo de Barcelona insiste en la necesidad de trabajar en las causas que generan las migraciones forzosas.

También para Alberto Ares lo más importante para romper prejuicios es el contacto directo y la convivencia. Nos deberíamos cuestionar, dice el jesuita, por qué la inmigración se concentra a menudo en los mismos barrios y escuelas, y qué respuesta damos: cómo ponemos nuestros propios recursos al servicio de la convivencia.

Por ello son importantes los testimonio que también pudieron escucharse en este acto, por parte de personas que desde opciones personales y comunitarias están llevando a cabo experiencias de acogida o de compromiso con las personas migrantes.

Como el de Olga Correa, colombiana que está haciendo su doctorado sobre trabajo y migraciones y señalaba la importancia de los espacios celebrativos en la construcción de una sociedad acogedora y hospitalaria. O el del sacerdote Josep M. Jubany, que visita internos del CIE de Barcelona y criticó el paternalismo que a veces se produce en el trato con los migrantes.

Por su parte, Albert Tarradellas explicó con realismo su experiencia de acogida en casa de una persona migrante, y el joven Uri Hosta compartió su experiencia de participación en un campo de trabajo en Almería. 

Este acto, organizado conjuntamente con la Fundación Migra Studium, ha sido el último de este curso de Cristianismo y Justicia.

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