Publicado: Miércoles, 24 Febrero 2021

Empresa, liderazgo y ética en un nuevo marco económico y social

La empresa, el liderazgo y la ética organizacional en el nuevo marco económico y social fueron los temas tratados en la quinta edición del ciclo DiálogosEnRed, organizado por la Red de Centros Fe-Cultura-Justicia de la Compañía de Jesús en España, y que tuvo lugar el pasado 22 de febrero.

En esta ocasión, el centro encargado de la organización del evento fue el Centro Fonseca de A Coruña. La sesión contó con la participación de Rafael Prieto, que desempeñó la dirección de Cooperativas Lácteas Unidas y la dirección general de Acuicultura en el Grupo Nueva Pescanova; Martha RodriguezCoronel, responsable del área de gestión de proyectos de la Fundación Etnor y profesora asociada de ética en la UPV y José María Villanueva, que está al frente del departamento de Liderazgo Ignaciano en ICADE. Moderó la mesa Guillermo Casasnovas, profesor e investigador de Esade, Center for Social Impact.

De inicio se subrayó el marco del encuentro en la encíclica Fratelli Tutti citando dos retos. Por un lado, el objetivo de "volver a llevar la dignidad humana al centro, y sobre ese pilar construir las estructuras sociales que necesitamos” , para a continuación recordar que “las reglas actuales de la economía no sirven para el desarrollo del ser humano."

El diálogo analizó el rol de las empresas en el nuevo marco económico y social derivado del efecto de la pandemia: ¿deben comprometerse en la construcción de una sociedad más justa? ¿de qué modo? Las empresas son parte de la sociedad y deben contribuir al bien común, no desde la filantropía sino desde la corresponsabilidad. Lo importante no es la donación de un beneficio determinado, sino la ética empresarial que está detrás de los beneficios.

En este sentido, se apuntó que el liderazgo ignaciano puede ser relevante en la cultura empresarial y ayudar a las empresas a trabajar la identidad y la misión, ya que incorpora el discernimiento como aprendizaje en la toma de decisiones desde los valores y con la brújula orientada hacia el “magis”, es decir, hacia un mayor compromiso humano y social.

Un compromiso de este tipo pide a las organizaciones transparencia empresarial, así como respeto a los estándares de calidad y sostenibilidad. Pero a la vez implica a los consumidores ejerciendo un control real de la actividad de las empresas. Así, se puede decir que mientras que la ética de los empresarios y los consumidores permite orientar la actividad empresarial hacia el bien común, el estado de derecho, a través del imperio de la ley, sanciona aquellas conductas empresariales que cada sociedad estima como inmorales o impropias. Los trabajadores tampoco se encuentran al margen de la actividad empresarial, tienen capacidad de actuación. Ante el desacuerdo pueden elaborar una opinión moral y ser coherentes con la misma.

En definitiva, se impone el compromiso, en el que cada conducta ética puede germinar en otra mayor. Esto nos remite, en el lenguaje de las parábolas, al universo simbólico del sembrador: un equilibrio entre las pequeñas acciones y la grandeza del cambio esperanzado. Por ello, al final, el cambio de modelo económico, de producirse, ha de venir precedido de un cambio de mentalidad, es decir, toda transformación ha de ser primero integral y después empresarial. Esto significa que más que romper con el sistema capitalista hay que lograr que éste se sitúe al servicio de la sociedad, generando bien común. En esta línea está elaborando sus propuestas el Papa Francisco. El norte es el servicio a las personas, con intentos de modelos alternativos hacia un mundo más sostenible, justo y fraterno.

A lo largo del diálogo se habló también sobre nuevos modelos de consumo, de banca y de la necesidad de revisar fórmulas de la economía social, como son las cooperativas que presentan una gran potencialidad para los objetivos que se pretenden. Finalmente, los ponentes reforzaron la idea del compromiso personal, entendiendo que “el corazón es un músculo que los individuos han de entrenar para generar optimismo”. La pandemia ha conectado a mucha gente en esta contribución al bien y de desarrollar modelos de inclusión. Lo que se vuelve un ejercicio de agradecimiento para un cambio integral.

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