Publicado: Jueves, 10 Febrero 2022

Nuestra indiferencia los condena al olvido

Este miércoles, "Manos Unidas" ha presentado su campaña de este año en rueda de prensa. En ella, junto a Clara Pardo, presidenta de Manos Unidas, y Carlos Arriola, presidente de la asociación Santiago Jocotán, de Guatemala, ha intervenido el jesuita Alvar Sánchez sj. Alvar es superior de la comunidad de Nador, y promotor de los proyectos de la Delegación Diocesana de Migraciones. En su intervención (a partir del minuto 41), explica por qué está la Iglesia -y la Compañía de Jesús- en Nador. Con tono sosegado y firme, y con cifras detrás de las cuales hay vidas, Alvar insiste en la necesidad de plantar cara a la invisibilidad que, en este caso afecta a la vida de tantas personas afectadas por migraciones forzadas. En su intervención alude a los problemas derivados del cambio climático, a una creciente violencia generada por estructuras políticas cada vez más débiles, a la pobreza y falta de oportunidades de tantas personas. «A nuestra puerta llaman personas que sobreviven, como pueden, a la intemperie y a la enfermedad -dice Alvar- también personas que han sido abusadas a lo largo de un trayecto en el que han visto fallecer a otras compañeras de viaje...» La necesidad de compaginar el apoyo en frontera con el trabajo en los países de origen, para reducir los riesgos de la migración irregular, pide que no seamos indiferentes. Pide compromiso. Pide iniciativas y trabajo en red. Y pide recursos.

Alvar termina su intervención invitando a la reflexión: «Las sociedades democráticas y los estados de derecho no debemos consentir la criminalización de quienes escapan del conflicto, la represión, las consecuencias de la degradación ecológica o los desastres naturales. El desplazamiento humano, inducido por la guerra, el hambre o por un déficit de desarrollo que condena a la población a vivir en el umbral de la miseria es un tipo de migración forzosa amparado por el derecho internacional humanitario y los convenios de Ginebra. Excluir de nuestro círculo al extranjero, tratar de ocultarlo tras el velo de nuestra indiferencia nos condena a un olvido mutuo y limita nuestra humanidad y libertad. Defender a las víctimas nos humaniza y vencer el miedo a lo desconocido nos hace más libres».

Es un privilegio poder sentirse en comunión con la Iglesia, apoyando a Manos Unidas, y trabajando en red con tantos otros.

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