Publicado: Lunes, 14 Marzo 2022

12 de marzo: El papa Francisco nos invita a custodiar el discernimiento

El papa Francisco participó en la eucaristía de acción de gracias en el 400 aniversario de la canonización de cinco santos, los dos jesuitas San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, los dos españoles Santa Teresa de Jesús y San Isidro Labrador y el italiano San Felipe Neri. Se vivió en la iglesia romana de Il Gesù, con un aforo muy limitada por las medidas sanitarias frente al coronavirus.

Presidió la eucaristía el P. General de la Compañía de Jesús Arturo Sosa, y concelebró un grupo de cardenales, obispos y sacerdotes. Entre los asistentes había numerosos jesuitas y también religiosos y religiosas, laicos y laicas de espiritualidad ignaciana.

El Papa Francisco pronunció la homilía de la celebración. En ella tuvo una petición especial para Ignacio: “Queridos hermanos y hermanas, que el santo padre Ignacio nos ayude a custodiar el discernimiento, nuestra preciosa herencia, tesoro siempre válido para difundir en la Iglesia y en el mundo, que nos permite ‘ver nuevas todas las cosas en Cristo”.

Comentando el Evangelio pronunciado, el de la transfiguración, el Santo Padre rememoró cuatro acciones de Jesús a través de cuatro verbos, en las que encontramos indicaciones para seguir nuestro propio camino.

1. Tomar consigo

El primero de ellos “tomar consigo” porque es Jesús quien tomó a los discípulos, quien nos ha llamado y elegido: “En el origen está el misterio de una gracia, de una elección. Ante todo, no hemos sido nosotros quienes tomamos una decisión, sino que fue Él quien nos llamó, sin ningún mérito de nuestra parte. Antes de ser aquellos que han hecho de su vida una ofrenda, somos quienes han recibido un regalo gratuito”. El Pontífice dijo que, nuestro camino tiene que empezar cada día desde aquí, desde la gracia original y pidió no caer en quejas y nostalgias cuando experimentemos amargura y decepción.

El Santo Padre también recordó cómo el Señor toma a los discípulos juntos, como comunidad. Nuestra llamada está arraigada en la comunión y pidió que no nos cansemos de pedir conservarla y rechazarla tentación de buscar éxitos personales y formar facciones. “Los santos que hoy recordamos han sido columnas de comunión. Nos recuerdan que, en el cielo, a pesar de nuestras diferencias de carácter y de perspectiva, estamos llamados a estar juntos. Y si vamos a estar unidos para siempre allá arriba, ¿por qué no empezar desde ahora aquí abajo? Acojamos la belleza de haber sido tomados juntos por Jesús”, afirmó el papa Francisco.

2. Subir

El segundo verbo al que se refirió fue “subir”, pues Jesús subió a la montaña y por tanto el camino de Jesús hay que verlo, no como una cuesta abajo, sino como un ascenso en el que, después de un camino difícil, llega la luz de la transfiguración. “A nosotros nos gustarían caminos conocidos, rectos y llanos, pero para encontrar la luz de Jesús es necesario que salgamos continuamente de nosotros mismos y vayamos detrás de Él. Como hemos oído, el Señor, que desde el principio «llevó afuera» a Abraham (Gn 15,5), nos invita también a nosotros a salir y a subir”.

Para nosotros, los jesuitas, precisó el Santo Padre, la salida y la subida siguen un camino específico, que la montaña simboliza bien. En la Escritura, la cima de las montañas representa el borde, el límite, la frontera entre la tierra y el cielo. Y estamos llamados a salir para ir precisamente allí, al confín entre la tierra y el cielo, donde el hombre se “enfrenta” a Dios con dificultad; a compartir su búsqueda incómoda y su duda religiosa. Es allí donde debemos estar, y para ello debemos salir y subir. “Mientras el enemigo de la naturaleza humana quiere convencernos de que volvamos siempre sobre los mismos pasos, los de la repetición estéril, los de la comodidad, los de lo ya visto, el Espíritu sugiere aperturas, da paz, pero sin dejarnos nunca tranquilos, envía a los discípulos hasta los últimos rincones del mundo. Pensemos en Francisco Javier”, afirmó. Y pidió también que “santa Teresa nos ayude a salir de nosotros mismos y a subir a la montaña con Jesús, para darnos cuenta de que Él se revela también a través de las heridas de nuestros hermanos, de las dificultades de la humanidad, de los signos de los tiempos”.

3. Orar

El tercer verbo que citó el Papa Francisco fue “orar” e invitó a los presentes a preguntarse qué significa para ellos orar, después de muchos años de ministerio. El definió orar como transformar la realidad, misión activa, e intercesión continua. Orar es llevar la pulsación de la actualidad a Dios para que su mirada se abra de par en par sobre la historia, afirmó. Y por tanto, hay que pensar cómo estamos rezando, porque si la oración está viva, trastoca por dentro, reaviva el fuego de la misión, enciende la alegría y provoca continuamente que nos dejemos inquietar por el grito sufriente del mundo. “Pensemos en la oración de san Felipe Neri, que le ensanchaba el corazón y le hacía abrir las puertas a los niños de la calle. O en la de san Isidro, que rezaba en los campos y llevaba el trabajo agrícola a la oración”

4. Tomas las riendas para salir

Finalmente, comentando la cuarta acción de Jesús en el Evangelio, el Santo Padre dijo que, es necesario “tomar cada día las riendas de nuestra llamada personal y de nuestra historia comunitaria; subir hacia los confines indicados por Dios, saliendo de nosotros mismos; orar para transformar el mundo en el que estamos inmersos”. A menudo tenemos la tentación, en la Iglesia y en el mundo, en la espiritualidad como en la sociedad, de convertir en primarias tantas necesidades secundarias. En otras palabras, corremos el riesgo de concentrarnos en costumbres, hábitos y tradiciones que fijan nuestro corazón en lo pasajero y nos hacen olvidar lo que permanece. Qué importante es trabajar sobre el corazón, para que pueda distinguir lo que es según Dios, y permanece, de lo que es según el mundo, y pasa.

La eucaristía contó con un coro de voces masculinas de jesuitas en formación y otro femenino de mujeres vestidas con el sari indio. La ofrenda del pan y el vino la portaron dos Misioneras de la caridad, de la congregación de Teresa de Calcuta. El padre General pronunció finalmente una acción de gracias en la que agradeció la figura de los cinco santos, personas tan diversas en las que se confirma esta nueva posibilidad de guardar el mundo y la historia, a las que el Señor acompaña gracias a una conversión interior. Agradeció especialmente la presencia del santo Padre, justo en la vigilia del noveno aniversario de su elección como obispo de Roma. Y al finalizar, varios refugiados del centro Astalli (JRS en Italia) regalaron al papa el catálogo de una exposición fotográfica sobre refugiados y una bolsa de tela africana confeccionada por ellos durante la pandemia.

Al finalizar la eucaristía, delante del altar de San Ignacio, se encendieron unas cenizas y distintas autoridades eclesiásticas pronunciaron unas palabras sobre cada uno de los santos, comenzando el arzobispo de Madrid, el cardenal Carlos Osoro, glosando al santo madrileño San Isidro Labrador.

El cántico Ad maiorem Dei Gloriam puso fin a esta solemne celebración que se puede ver íntegra aquí:

(Fuentes: Comunicación SJ y Vatican news)

 

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