Publicado: Jueves, 04 Diciembre 2025

Fe, identidad, escuela. Un desafío por afrontar.

Un jesuita de nuestra Provincia, Álvaro Lobo SJ, ha escrito un artículo en La Civiltà Cattolica, revista de la Compañía, en el que analiza cómo articular hoy la identidad y la transmisión de la fe en la escuela católica. Puedes leerlo a continuación:

La educación católica, en muchas partes del mundo, sigue buscando su razón de ser, como de hecho ha ocurrido siempre a lo largo de la historia. En esta etapa del siglo XXI, el problema no radica únicamente en la incertidumbre a la que deben hacer frente casi todas las instituciones que operan dentro de un contexto cada vez más cambiante y complejo, en el que las políticas públicas resultan a veces hostiles. La cuestión también tiene que ver con la disminución de las vocaciones religiosas, a causa de la cual los carismas deben ser transmitidos por laicos comprometidos —con resultados no siempre uniformes—, así como con el desarrollo de la educación pública (sobre todo en los contextos más pobres) y de la privada no confesional (a menudo concebida como un simple negocio). Todo esto impulsa a las congregaciones religiosas y a las diócesis a interrogarse sobre su identidad y su papel dentro de la amplia oferta educativa de cada país.

En esta búsqueda de su razón de ser, el desafío no pasa únicamente por la necesaria innovación pedagógica, la imprescindible atención a las lenguas extranjeras o la propuesta en términos humanos y de valores. Tampoco se trata de promover un retorno al pasado ni de restablecer modalidades propias del siglo XIX. El espíritu de la tradición, conviene decirlo claramente, es otra cosa. Se trata de una búsqueda que debe situarse en el marco mismo de la identidad cristiana y que interpela el papel de los cristianos y de sus instituciones en el siglo XXI, no en otras épocas. No debemos olvidar que, mientras muchas parroquias se vacían de jóvenes, en las escuelas la Iglesia sigue manteniendo un espacio significativo de contacto con ellos. Lo cual no significa necesariamente que la tarea sea fácil, pero esto no nos exime de la responsabilidad de intentar interpretar los «signos de los tiempos» y de adaptarnos a los cambios de la sociedad y de la Iglesia, así como a los vientos del Espíritu Santo.

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