El binomio Fe-Justicia: una mirada actual para los jóvenes de la RED MAG+S en Madrid
La RED MAG+S de Madrid organizó dos charlas este mes de febrero para conmemorar el medio siglo del Decreto 4 de la Congregación General 32. El objetivo era poder conversar sobre algunos retos actuales de la Iglesia, resonando con fuerza «el servicio de la fe, del cual la promoción de la justicia constituye una exigencia absoluta».
¿Basta con ir a misa? La fe que mueve la justicia
La primera charla la realizó el jesuita Javi Montes SJ, quien comenzó remarcando la importancia de entender la fe desde tres pilares fundamentales: oración, comunidad y servicio. Recordó que «cuando hablamos de la Hora Santa y de la adoración al Cuerpo de Cristo, no podemos olvidar que ese “Cuerpo” tiene múltiples dimensiones»: el Santísimo Sacramento, el cuerpo sufriente en los pobres y el cuerpo comunitario que es la Iglesia.
Apoyándose en Dilexit Nos (nn. 103, 110 y 120), subrayó que el Corazón de Jesús es fuente de una Cáritas que es amor radical: «Dios tiene un amor preferente por los pobres, no porque sean mejores, sino porque son los hijos más necesitados».
Entrelazando teoría e historia personal, insistió en la importancia de «poner nombre y apellido» a la exclusión. Desde su convivencia diaria con reclusos, afirmó que Dios se revela en la alegría sencilla de quien ha perdido casi todo y recordó que «la Iglesia es para los pobres y debe estar donde más se la necesita».
Concluyó invitando a los jóvenes a vivir y buscar encuentros reales que rompan los prejuicios de los discursos generales o ideologizados.
¿Qué dice la Iglesia sobre la inmigración?
La segunda charla fue de José Manuel Aparicio, doctor en Teología, investigador del IUEM y delegado de Laicos de la Archidiócesis de Madrid.
Desde el inicio, prefirió hablar de movilidad humana en lugar de inmigración. Señaló la fuerte carga ideológica que etiqueta como «de izquierdas y de derechas» e impide una reflexión profunda desde el Evangelio, y afirmó que, aunque la fe es una, puede conducir a diferentes opciones políticas.
Indicó que, para ver qué dice la Iglesia, podemos acudir a la Biblia, la DSI o los documentos de los santos Padres, y subrayó que las migraciones son un aspecto nuclear en nuestra fe: Dios se revela en la movilidad humana y la historia de la salvación es, en esencia, una historia de movilidad. Invitó a ver a los migrantes como «personas que saben más de Dios que nosotros».
También reconoció la dificultad de vivir el Evangelio en una sociedad donde la felicidad se vincula al bienestar y al consumo: el mensaje de las bienaventuranzas «no renta» a los ojos del mundo, pero es guía hacia la verdadera felicidad.
Concluyó señalando que la Iglesia ofrece un sistema de contradicciones y valores para que cada uno, tras un discernimiento comunitario, tome una decisión personal.