Un memorial vivo para un Papa jesuita
En el primer aniversario de su muerte, recordamos a nuestro Papa, nuestro hermano en la Compañía de Jesús, con gratitud. El Papa Francisco llevó el espíritu de los jesuitas al corazón de la Iglesia universal. Primer jesuita en ocupar la Sede de San Pedro, su pontificado estuvo marcado por el discernimiento, la cercanía a quienes viven en los márgenes, y un deseo constante de buscar y encontrar a Dios en todas las cosas.
En su memoria, abrimos hoy un memorial vivo: un espacio donde se irán reuniendo testimonios y reflexiones a lo largo del tiempo, para ofrecer un retrato más completo de su vida, su ministerio y el espíritu ignaciano que dio forma a su servicio.
Su liderazgo no estuvo definido solo por su carácter histórico, sino por un modo de proceder genuinamente jesuita: la atención a los movimientos del Espíritu, la preferencia por la sencillez, la llamada a las periferias, el cuidado de nuestra casa común, y una visión de la Iglesia sinodal y misionera, cercana a las heridas del mundo.
El memorial comienza con las aportaciones de jesuitas, colaboradores y amigos que lo conocieron personalmente y trabajaron estrechamente con él. Estas reflexiones no pretenden ser exhaustivas. Ofrecen, más bien, una serie de retratos personales del hombre, el jesuita y el pastor.
Esta colección seguirá creciendo con nuevos testimonios. Os invitamos a visitar el memorial, leer estas reflexiones y volver a menudo a medida que se publiquen nuevas contribuciones.