Publicado: Martes, 09 Junio 2026

Alex Escoda y Luis Argila serán ordenados sacerdotes en Barcelona

El próximo sábado 13 de junio, la iglesia del Sagrado Corazón de los Jesuitas de Barcelona, en la calle Casp, acogerá la ordenación sacerdotal de los jesuitas Alex Escoda y Luis Argila. Recibirán la ordenación de manos del obispo David Abadías, junto al escolapio Albert Moliner Fernández.

La celebración llega después de un tiempo de ministerio diaconal que ambos han vivido como una etapa de confirmación, aprendizaje y mayor disponibilidad al servicio de la Iglesia. Hace un año y medio, Alex y Luis fueron ordenados diáconos en Madrid. Ahora dan un nuevo paso en su camino como jesuitas, llamados a vivir el sacerdocio desde la misión, el acompañamiento, la celebración de los sacramentos y el servicio al Pueblo de Dios.

Para Luis Argila, estos meses como diácono han sido una oportunidad para reconocer, una vez más, que Dios actúa más allá de los propios esquemas. Durante este tiempo ha colaborado principalmente en los bautizos de la unidad pastoral Padre Rubio de Madrid y ha ayudado en las celebraciones de la eucaristía. Al releer la experiencia, explica que el ministerio diaconal le ha hecho tomar conciencia de que “Dios siempre es más grande de lo que esperamos y nunca deja de sorprendernos”, afirma.

Esta experiencia le ha llevado a comprender que Dios no siempre se hace presente donde uno espera encontrarlo, ni de la manera que uno había imaginado. Por eso, subraya la necesidad de “tener los ojos y la mente abiertos”. Para Luis, el ministerio invita a salir a los caminos, como en el Evangelio, para convocar a todos al banquete. “Todos estamos invitados al banquete y nosotros solo somos los siervos que se encargan de ir a buscar a los invitados allí donde estén, ya que la fiesta no es nuestra, sino suya”, explica.

Luis Argila: “Dios siempre es más grande de lo que esperamos y nunca deja de sorprendernos”

Nacido en Barcelona en 1982, Luis conoció la Compañía de Jesús en Venezuela, donde colaboró como abogado con el Servicio Jesuita a Refugiados. Más adelante, durante su formación como jesuita, ha estado vinculado a diversos proyectos de la Compañía, entre ellos Cristianisme i Justícia, Jesuïtes Lleida-Col·legi Claver de Raimat y la parroquia de Sant Ignasi de Lleida. Este recorrido, marcado por el contacto con realidades de frontera, la educación, la pastoral y la espiritualidad ignaciana, confluye ahora en una ordenación que vive con deseo, confianza y también con la conciencia de la responsabilidad que supone el ministerio sacerdotal.

“Cada día que pasa, lo vivo con más ganas y deseo”, reconoce. Se trata, explica, de un deseo que lleva muchos años en el corazón y que ha ido madurando en su camino en la Compañía de Jesús. Al mismo tiempo, a medida que se acerca la fecha, aparece también “un cierto vértigo por el ministerio” que le será encomendado. “Siento que llevo un tesoro en vasijas de barro”, afirma. Pero más fuerte que ese vértigo, añade, es la confianza en aquel de quien se ha fiado.

Durante este curso, en el máster de espiritualidad ignaciana en Comillas, Luis ha profundizado en una imagen que querría que marcara su modo de ser sacerdote: la de ser “ministro de la consolación”. Entiende este ministerio como una ayuda a las personas para crecer en su camino de fe y en su encuentro con Dios. También expresa una especial llamada a vivir el sacramento de la reconciliación como un espacio desde el que mostrar el rostro de un Dios que es amor y misericordia, y ayudar a sanar falsas imágenes de Dios. “Me gustaría hacer camino junto a otros y, en la medida de lo posible, ayudarles a hacerlo”, resume.

También para Alex Escoda, el tiempo de diaconado ha supuesto una experiencia de cambio real. Nacido en Barcelona en 1991, entró en el noviciado de la Compañía de Jesús en 2016. Su vínculo con los jesuitas se fue configurando especialmente durante su adolescencia y juventud en el Casal Loiola de Barcelona, donde la vida comunitaria, el contacto con realidades de pobreza, el voluntariado y los Ejercicios Espirituales fueron marcando su itinerario vocacional.

Al mirar estos meses como diácono, Alex constata que la ordenación introduce una dimensión nueva en la propia vocación. “Hasta la ordenación, la vocación es de alguna manera más privada”, explica. En parte, señala, porque durante los años de formación la vida está muy centrada en los estudios y en apostolados concretos. Con la ordenación, en cambio, “la vocación adquiere una dimensión pública muy fuerte”.

Lo ha experimentado especialmente en los domingos, que han dejado de ser un día ordinario para convertirse en un tiempo de servicio concreto a la comunidad. “De repente, uno entiende que tiene un papel muy particular al servicio de la Iglesia y empieza a perder el control del propio tiempo y de quién te conoce”, afirma. En ese nuevo lugar aparecen peticiones y necesidades a las que responder “por el bien del Pueblo de Dios”.

Alex Escoda: “Con la ordenación, la vocación adquiere una dimensión pública muy fuerte”

Alex llega a la ordenación sacerdotal con un deseo que le acompaña desde hace años y que, durante este curso, se ha ido concretando en imágenes muy sencillas: ayudar en las confesiones de la parroquia, dar la unción a una persona querida o celebrar la eucaristía en la cotidianeidad de los días ordinarios. Reconoce, sin embargo, que le ha costado más desear el día concreto de la ordenación, por el posible protagonismo personal que conlleva una celebración así y que no encaja del todo con su temperamento discreto. Con el tiempo, ha ido entendiendo que no se trata de “su” día, sino de una celebración de Iglesia. “Que haya presbíteros es una buena noticia en sí misma”, afirma.

Actualmente, Alex vive en Boston, dedicado principalmente a los estudios. Los fines de semana colabora en una parroquia con una numerosa comunidad latina. Allí ha percibido de forma muy clara el sentido del ministerio sacerdotal. Tras la marcha del jesuita que acompañaba a esa comunidad, muchos le preguntaban si él se quedaría con ellos. “Cuando decía que sí, volvía la sonrisa”, recuerda. Para Alex, esa reacción expresa una necesidad profunda: “Más allá de la persona concreta, la gente necesita sacerdotes”.

Desde esa experiencia, formula con sencillez lo que desea ofrecer como sacerdote jesuita: los sacramentos al Pueblo de Dios. “Las personas saben que, por medio de los sacramentos, la vida es más plena, más parecida a la de Jesús”, afirma.

Con trayectorias distintas, Alex Escoda y Luis Argila llegan a la ordenación sacerdotal compartiendo una misma disponibilidad: vivir el ministerio como servicio, acompañar la fe de las personas, ofrecer los sacramentos y colaborar en la misión de una Iglesia llamada a salir al encuentro de todos.

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