Publicado: Lunes, 08 Junio 2026

Encontrar a Dios en los rostros de nuestros jóvenes

La visita del papa León XIV a Madrid reunió este pasado fin de semana a más de 1.500 jóvenes de los colegios de la Compañía de Jesús en España y de MAG+S, la pastoral de jóvenes adultos. Durante varios días compartieron oración, convivencia y celebración en una experiencia que tuvo como momentos centrales la vigilia con jóvenes en la plaza de Lima y la eucaristía y procesión del Corpus en Cibeles. Tomás-David Aguado, profesor del Colegio Santa María del Mar de A Coruña, participó como acompañante. En este testimonio relata cómo vivió un encuentro que, más allá de la presencia del Papa, se convirtió para muchos en una experiencia profunda de Iglesia, comunidad y encuentro con Dios.

Cuando desde el colegio me propusieron ir este fin de semana a Madrid para ver al Papa, dije un sí rotundo, sin ser del todo consciente de lo que implicaba. Cuando me quise dar cuenta, reparé en que me tocaba vivir la experiencia desde tres frentes distintos: como joven perteneciente a uno de los grupos de Magis Galicia; como responsable de comunicación del colegio; y, lo más importante, como acompañante de alumnos de nuestro centro. Pero como Dios hace siempre con nuestras inquietudes, todo lo ha transformado en un fin de semana para el recuerdo.

Como joven, hace años que comencé a participar en diferentes actividades pastorales con mi Diócesis, animado por mi familia y siguiendo el ejemplo de mis hermanos. Empecé como adolescente haciendo caminos de Santiago, jornadas de acogidas de peregrinos y oraciones. Después se abrieron horizontes a cosas más grandes como las JMJ o la PEJ, que cambiaron mi forma de ver el mundo y supusieron un redescubrimiento de la fe que había recibido de pequeño de mis padres.
Si repaso mis vivencias, en el camino de Santiago, por ejemplo, aprendí a sobrellevar el agotamiento, a alzar la mirada con un rumbo fijo y a seguir adelante a pesar de las dificultades. En un encuentro en Ávila viví por primera vez compartir con miles de personas el confesar un mismo credo y rezar en silencio en presencia de Jesús Eucaristía. En la JMJ de Cracovia pude ver también al sucesor de Pedro, al Papa Francisco, acompañado también de miles —incluso millones— de personas. En mi grupo Magis pude profundizar en la espiritualidad ignaciana con jóvenes muy distintos a mí, con los que pude compartir vida muchas veces.

Como acompañante, el Señor me ha permitido verme reflejado en los chicos, pues creo que han vivido todo eso condensado en un intenso fin de semana. He visto a nuestros niños agotados, con sueño, alguno dolorido, pero manteniéndose firmes y mirando hacia adelante. He visto a nuestros alumnos, rodeados de otros cientos de miles de personas, manteniendo un clima de silencio y una actitud de oración que sobrecogerían hasta al más santo. He visto a nuestros chavales emocionados por estar con el Papa León, viviendo uno de los momentos más importantes de su vida. He visto a nuestros adolescentes conociendo a gente de colegios hermanos, que comparten con nosotros un mismo lenguaje, una misma espiritualidad e idénticas vivencias. He visto a nuestros niños siendo un claro reflejo de Dios.

Como comunicador, me he visto ampliamente sobrepasado —para bien—, porque siento que es imposible expresar todo lo vivido allí: me quedaría corto. Pero me he visto también profundizando en la forma que tiene Dios de comunicarse con nosotros.
El Señor me ha hablado través de los demás, de muchas estampas concretas que guardo en mi corazón: la imagen de uno de nuestros niños arrodillado ante el Santísimo Sacramento durante toda la adoración por una promesa que le había hecho a Dios; la imagen de nuestras niñas, llorando emocionadas al ver pasar al Santo Padre; la imagen de estar abrazados en comunidad, moviéndonos al ritmo de las canciones, dejándonos la voz alabando al Señor; las conversaciones profundas sobre fe e Iglesia; las palabras de consuelo que nos dábamos mutuamente ante los momentos de dificultad; las palabras con las que sentía que el Papa se dirigía directamente a mí; la ternura con la que las niñas miraban a León XIV y la sencillez con la que transmitían lo que sentían; la ilusión y la alegría que se respiraba durante todo el fin de semana…

Quiero agradecer a Dios por encender esa llama en nuestros jóvenes, por permitirnos vivirlo y sentirle tan cerca allí, en Madrid.

Quiero agradecer a los otros compañeros acompañantes por acompañarme también a mí y por tener una fe tan profunda, tan sentida y compartirla conmigo y con los chicos.  Quiero agradecerles a los chavales por haberme hecho tan feliz dejándose acompañar en la experiencia y por hacerme sentir que estamos haciendo algo bueno con ellos.
Y quiero expresar mi agradecimiento a la Compañía de Jesús: a los jóvenes que conocí en los grupos pequeños; a los educadores acompañantes con los que hablé; a los Magis con los que tuve un emocionante reencuentro; a quienes han organizado todo y, especialmente, a los jóvenes de nuestro colegio, que me han hecho sentir tanto. Es la primera gran experiencia que vivo con los jesuitas y no con mi Diócesis y me he sentido profundamente acogido. Aun sin asistir con mi prometida, mis hermanos, mi ahijada o mis amigos en la fe, con quienes he compartido tanto, me he sentido en familia en todo momento, en una gran familia.

Estoy profundamente agradecido, porque ha sido un fin de semana de estar constantemente en presencia de Dios, en la Compañía de Jesús.

Aquí puedes ver la galería de imágenes de la visita del Papa.

ver +

también te puede interesar