Publicado: Jueves, 11 Junio 2026

Frente al Atlántico, su Voz

Por Alvar Sánchez SJ, secretario general de Cáritas Marruecos

Algunos días cada detalle te devuelve al mismo instante. Levantas la mirada, ves las ramas de las palmeras agitarse a la brisa del mar, y aparecen las formas de la Sagrada Familia, donde las columnas se elevan como troncos que se bifurcan y entrelazan, sosteniendo juntas una bóveda de luz.

Gaudí imaginó un bosque de piedra en el que cada rama encuentra su sentido al formar parte de una estructura mayor. Ninguna sostiene el conjunto por sí sola; todas reciben y entregan fuerza. Quizá por eso, contemplando esas formas, uno comprende mejor que la vida también se construye así: en relación, en comunión, en una trama de vínculos que nos precede, nos sostiene y nos envía.

Hay algo en ese entramado que me recuerda a la RAEMH, la Red de África y Europa para la Movilidad Humana. La forman diferentes Cáritas y Delegaciones Diocesanas de Migraciones de 10 países, presentes en 3 zonas: Europa, Africa y esta conmocionada región MONA -Oriente Medio y Norte de Africa- a la que pertenece nuestra comunidad en Marruecos.

Esta red de Iglesia nos facilita la difusión de buenas prácticas y la cooperación entre organizaciones y territorios que trabajamos en el ámbito de la movilidad humana. Compartir nuestro compromiso con la protección, el acompañamiento y la dignidad de las personas en movimiento, da sentido a esta cruel y bella misión en el Sahara.

A unos días de la visita del Papa León al archipiélago canario, gracias a la RAEMH, compartimos estas palabras desde Mbour, al sur de Dakar. Estamos reunidos con el equipo de la Delegación Diocesana de Migraciones (DDM) de Senegal, creando un recurso para los profesionales y familias que deseen acompañar el duelo infantil a través del cuento “El desierto del pequeño Abdou”, audaz relato que Patricia Rodríguez, psicóloga en la DDM, concibió un feliz día.

En el corazón de este cuento late una invitación muy especial: acompañar a la infancia en sus desiertos emocionales, confiando en que, también ahí, pueden abrirse caminos de vínculo, esperanza y resiliencia.

Es un privilegio ser testigos de los procesos de transformación que se dan en este entorno de cuidado y atención terapéutica, en el que se va entrelazando la narración, las sonrisas de los más peques, la mirada de sus madres, la música, el juego, las lágrimas y el consuelo. Aquí hay mucho de bendición y también de justicia.

Pienso en este equipo, que hace unos pocos días llegó de su Tour de las Regiones, un itinerario de sensibilización que durante 2 semanas recorre poblados en el interior del país y se deja acoger por sus comunidades para mostrar, con sencillez y verdad, esa realidad que tanto cuesta aceptar: la ruta migratoria que ante la falta de porvenir se impone a muchas personas dueñas de sus destinos, es letal.

Después de las celebraciones del Eid al-Adha, en las que se conmemora la total confianza de Abraham/Ibrahim, la DDM retomará las actividades formativas para seguir promoviendo la capacitación digital y el apoyo al emprendimiento femenino, así como la formación profesional en oficios técnicos.

Observando la entrega de este equipo de personas de diferentes razas, culturas y religiones, uno se da cuenta del regalo que es acoger la invitación nuestro Papa León XIV a alzar la mirada para renovar la esperanza y pedir esa bendita paz que nace de la justicia.

Existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y la de estas personas… Escuchando su grito, su llanto, estamos llamados a identificarnos con el corazón de Dios… Cuando la Iglesia se arrodilla para romper las nuevas cadenas que los aprisionan, se convierte en signo de la Pascua...

En el rostro herido de las personas empobrecidas encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo… La relación con el Señor […] pretende liberarnos del riesgo de vivir nuestras relaciones en la lógica del cálculo y del interés.

La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes (…) Es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad.

(León XIV, Exhort. ap. Dilexi te)

Hay gestos que acercan orillas, revelan realidades y abren espacios de encuentro en los que podemos celebrar, con agradecimiento, que alguien nos lleva inscritos en su mismo corazón y nos regala su pulso de vida mientras nos tiende la mano y descubrimos, sorprendidos, nuestros nombres en su palma.

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