Publicado: Miércoles, 10 Junio 2026

León XIV en Canarias: "Su defensa de los migrantes resonará con fuerza"

Entre las etapas del viaje del Papa León XIV a España, una de las más esperadas será sin duda la que llevará por primera vez a un Pontífice a las Islas Canarias. Serán dos días, 11 y 12 de junio dedicados casi por completo al tema de los migrantes y a la acogida que caracteriza al pueblo canario, como recordó el propio León XIV el pasado 10 de mayo durante el rezo del Regina Caeli, agradeciendo a la población del archipiélago «por haber permitido la llegada del crucero Hondius con los enfermos de hantavirus».

¿Qué significa vivir en una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo? Se lo preguntan en La Civiltà Cattolica al Josep Buades SJ. Jesuita de nuestra Provincia destinado a la fundación ECCA Social, el P. Buades cuenta con una larga experiencia en el Servicio Jesuita a Migrantes en España. Capellán de Stella Maris, el Apostolado del Mar en la diócesis de Canarias, también es miembro de la delegación diocesana de migraciones y participa en la Red Eclesial de Hospitalidad Atlántica.

Canarias está cerca de las costas africanas noroccidentales: 112 kilómetros separan Tarfaya (Marruecos) de Puerto del Rosario, en la isla de Fuerteventura. Unos 220 kilómetros distan entre otros puntos de Marruecos y de Canarias: El Uatia (puerto de Tan-Tan) y Arrecife, en Lanzarote; El Marsa y el puerto de Arguineguín, en Gran Canaria; o Bojador y Arguineguín. Pero en los últimos años hay más movimientos en rutas más largas: los 800 kilómetros entre los puertos mauritanos de Nuadibú o Nuakchot y los puertos canarios de La Restinga (El Hierro) o Los Cristianos (Tenerife). Y si pensamos en Dakar (Senegal) o Banjul (Gambia), las distancias están entre 1.400 y 1.500 Km.

Las travesías en embarcaciones Zodiac semirrígidas en las «distancias cortas» podrían cubrirse en dos o tres días, como las intermedias en una semana y las largas en diez días. Eso sería en condiciones ideales para la navegación, que se ven pocas veces. Hay quien permanece dos o tres semanas en el mar. Son viajes peligrosos. Agotar el combustible deja a la merced de las corrientes que llevan hacia el sudoeste, mar adentro, o del viento (los alisios suelen empujar hacia el Sur). Errar el rumbo, interna hacia puntos ciegos del océano. Quienes llegan vivos a Canarias, portan las marcas de quemaduras, insolación, deshidratación, hipotermia, además del trauma psicológico de haber visto a otros perder la vida.

Pincha para seguir leyendo en La Civiltà Cattolica.

ver +