Los antiguos alumnos renuevan su misión global
"¿Cómo puede ser que en Bilbao estemos diciendo unas cosas y, de repente, en la otra punta del mundo, aquí en Indonesia, estemos haciendo el mismo examen del día?". La pregunta de María San Cristóbal, antigua alumna de Jesuitak Indautxu, resume lo vivido en Yogyakarta: personas de culturas, lenguas y generaciones diferentes descubriendo una manera común de mirar y situarse ante el mundo. Del 29 de julio al 2 de agosto, la Universidad Sanata Dharma acogió el XI Congreso Mundial de la World Union of Jesuit Alumni (WUJA), bajo el lema 'Unidos en el Espíritu, Liderando con Propósito'. El encuentro coincidió con el 70º aniversario de una organización fundada en Bilbao en 1956 y su programa combinó reflexión, celebración y experiencias culturales en distintos lugares de Yogyakarta.
En la apertura, el presidente de la WUJA, el español Francisco Guarner, recordó que los vínculos creados por la educación jesuita deben prolongarse mucho después de la graduación. Ante un mundo marcado por la división, la crisis ambiental, la desigualdad, los desplazamientos forzosos, la soledad y la pérdida de sentido, invitó a poner la formación, los recursos y la voz de los antiguos alumnos al servicio de la reconciliación y la justicia.
"La WUJA no es simplemente una organización que conserva recuerdos y mantiene amistades. Debe activar una red global capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo", afirmó. Su llamada fue transformar las conversaciones del Congreso en alianzas estables entre profesionales, educadores, emprendedores sociales e innovadores de distintos países y sectores.
El Padre General de la Compañía, Arturo Sosa SJ, situó esa tarea en el horizonte de la misión compartida. Animó a los participantes a pasar de la nostalgia al discernimiento y a profundizar en los Ejercicios Espirituales. También pidió a la WUJA colaborar con la Compañía en asuntos como la inteligencia artificial, la promoción del bien común, la escucha de los jóvenes y la defensa de la dignidad humana frente a una cultura que puede reducir a las personas a datos y métricas de eficiencia.
La misión, subrayó, se encuentra "en las fronteras" y requiere reunir a personas de buena voluntad más allá de las divisiones políticas, geográficas y étnicas para formar "hombres y mujeres para los demás".
Las jornadas abordaron la identidad de los antiguos alumnos, el liderazgo ignaciano, el diálogo interreligioso, la justicia social, la crisis ecológica y la participación juvenil. Más que definir una pertenencia cerrada, el Congreso trató de reconocer qué puede aportar esta comunidad allí donde vive, trabaja y sirve. En ese sentido, por parte de España, además de los representantes de antiguos alumnos, estuvo Pilar López-Dafonte, que compartió con el auditorio su experiencia como responsable regional para Asia de Fe y Alegría y Entreculturas.
Una identidad reconocible a miles de kilómetros
Jaime Tatay SJ, vicerrector de Identidad y Misión y Alumnos y Alumni de la Universidad Pontificia Comillas, explicó que, pese a la diversidad de esta red, existe algo compartido: "Una tradición espiritual, evidentemente, una pedagogía, un estilo educativo". A ello añadió la compasión, el deseo de servir a las personas más vulnerables, la consciencia y la capacidad de detenerse para pensar. Son rasgos orientados a transformar el mundo y hacerlo "más habitable, más justo".
Esa identidad tomó rostro en las antiguas alumnas españolas presentes. Júlia Solanellas, de Jesuïtes Sarrià–Sant Ignasi, destacó que los valores recibidos permanecen después de graduarse: "Encuentro muchas cosas en común pese a ser muy diferentes y eso es lo bonito". Su compañera Claudia Torras puso el acento en "servir y amar" y en la capacidad de esta comunidad para ayudar y tratar a los demás con respeto.
María Urizar, antigua alumna y hoy profesora de Jesuitak Indautxu, expresó hasta qué punto esa formación en la Compañía ha marcado su camino: "Ha marcado mucho mi identidad, ha marcado el camino que he terminado siguiendo en mi vida". En Yogyakarta encontró una comunidad unida por una mirada "muy solidaria y muy espiritual".
El Congreso dejó una convicción para el día después: la educación jesuita no termina al abandonar el colegio o la universidad. Puede convertirse en una red mundial de colaboración y servicio. Guarner lo formuló al comenzar el encuentro: "Que salgamos de Yogyakarta no solo inspirados, sino movilizados, unidos en el espíritu y liderando con propósito".
Setenta años después de nacer en Bilbao, la WUJA volvió a mirar hacia fuera, llamada a hacer de su memoria compartida una misión para el presente.