El eclipse reencuentra a los jesuitas con l’Observatori de l’Ebre
El eclipse total de sol de este miércoles 12 de agosto volvió a reunir a la Compañía de Jesús con un lugar estrechamente ligado a su historia científica: l’Observatori de l’Ebre, fundado por los jesuitas hace más de 120 años.
El centro de Roquetes, situado en la franja de totalidad, acogió una jornada de conferencias, divulgación científica y observación organizada con motivo del eclipse. Invitados por el president de la Generalitat, Salvador Illa, y la consellera de Recerca i Universitats, Núria Montserrat, asistieron Pau Vidal SJ, delegado de la Plataforma Apostólica de Catalunya; Llorenç Puig SJ, profesor de IQS, y Jaume Flaquer SJ, profesor de la Facultad de Teología de la Loyola en Granada.
Entre los conferenciantes estuvo también el jesuita Pavel Gabor SJ, astrofísico y subdirector del Observatorio Vaticano, que participó en el programa científico de la jornada hablando sobre el legado de los grandes observatorios.
La presencia jesuita adquiría un significado especial por la historia de l’Observatori. La Compañía de Jesús lo fundó en 1904, bajo el impulso del jesuita Ricard Cirera, con el objetivo de estudiar las relaciones entre el Sol y la Tierra. Apenas un año después, en 1905, el Observatori vivió otro eclipse total de sol, el último visible en Cataluña hasta el de este 2026. Aquel acontecimiento estuvo estrechamente ligado a los primeros pasos y a la proyección científica del centro.
Durante más de un siglo, generaciones de jesuitas contribuyeron al desarrollo de l’Observatori y a su investigación en campos como la física solar, el geomagnetismo, la sismología o la ionosfera. En 2016 la Compañía de Jesús se desvinculó institucionalmente del Observatori, poniendo fin a una larga etapa de presencia directa, aunque su huella permanece profundamente ligada a la historia del centro.
Por eso, el eclipse de este año ha tenido también algo de reencuentro. Más de un siglo después de aquel eclipse de 1905, varios jesuitas regresaban a l’Observatori para compartir una jornada en la que la mirada al cielo volvía a unir ciencia, contemplación y conocimiento.
Una historia que refleja, además, una dimensión muy presente en la tradición de la Compañía de Jesús: el diálogo entre fe y ciencia, entendidas no como ámbitos enfrentados, sino como caminos complementarios en la búsqueda y comprensión de la realidad.