Publicado: Martes, 03 Noviembre 2026

José María Rodríguez Olaizola SJ: «El Evangelio pone música para entender la vida»

Han pasado ocho años desde que José María Rodríguez Olaizola SJ comenzara a pensar que algún día quería escribir Bailar con Dios. No tenía prisa. Antes necesitaba encontrar cómo contar un baile que considera especialmente importante y que ahora propone al lector como una reflexión sobre la presencia de Dios en la propia historia. Este nuevo libro viene a completar una trilogía de obras independientes unidas por una misma metáfora: el baile como forma de comprender y afrontar la vida

—De Bailar con la soledad y Bailar con el tiempo a Bailar con Dios. ¿Cómo dialogan estos tres bailes entre sí?

—Para mí, el baile es una buena metáfora de la vida. Recoge muy bien cómo nos vamos bandeando con distintas circunstancias y dimensiones de nuestra historia.

En estos tres bailes, el Evangelio pone claramente la música. Los tres parten de una reflexión desde la fe: la soledad, el paso a la vida adulta y, ahora, la presencia de Dios en nuestra historia. Creo que el hilo conductor es ese: cómo el Evangelio pone música para entender la vida. Para el creyente, pero creo que muchas veces también para el no creyente, porque el Evangelio inspira buena parte de nuestra cultura.

—Llevabas años queriendo escribir este libro. ¿Por qué ha llegado ahora?

—Es un libro que quería escribir desde hace muchos años. Creo que ya cuando escribí Bailar con la soledad formulé que algún día me gustaría escribir Bailar con Dios y expresar todo esto.

Pero han pasado ocho años. He escrito otras cosas por el camino y no terminaba de tener claro cómo contar este baile. Tampoco tenía prisa. Para mí es un libro muy importante y quería contarlo bien, sin apresurarme y diciendo realmente lo que quería decir.

Hace aproximadamente un año tuve claro el esquema y cómo quería hacerlo. A partir de ahí disfruté mucho escribiéndolo y poniendo palabras a este baile. Ahora tengo la sensación de que ya está contado.

—¿Qué recorrido propone Bailar con Dios?

—Parte de lo más general: descubrir la música a través de la Palabra que está en el Evangelio. Primero me pregunto por qué es una buena noticia, una buena música, y también por qué, si es tan buena, a mucha gente no le llega.

Porque uno puede decir que es maravillosa, pero la realidad es que mucha gente vive de espaldas a ella. Hay otras músicas, otras “buenas noticias”, que a mí me pueden parecer más incompletas, pero que quizá resultan más atractivas, más baratas o menos exigentes.

Si aceptamos que esa música merece la pena, porque el Evangelio merece la pena, viene después la canción del testigo: qué cuenta la gente que cree y qué puede contar su vida. Ahí aparece una reflexión sobre la fe, la duda, el enfado con Dios o la experiencia de comunidad.

Después hay una mirada a los sacramentos como bailes concretos. Creo que a veces nos hemos quedado en una participación demasiado pasiva, casi de espectadores, y trato de hacer una lectura más existencial de los sacramentos y de cómo en ellos aparece una y otra vez la presencia del Espíritu.

La siguiente parte se centra precisamente en el Espíritu y en cómo entender hoy sus dones. Y todo termina abriendo una puerta que, para mí, es la que tira de una vida cristiana: la esperanza.

—Dices que el Evangelio pone la música. ¿Qué ocurre cuando la vida cambia el ritmo de manera inesperada, ante una crisis, una pérdida o uno de esos golpes que no vemos venir?

—El Evangelio, si uno lo escucha de verdad, ya te avisa de que eso va a pasar.

Una de las trampas es pensar que el Evangelio es una especie de manual de bienestar personal, que la Buena Noticia significa que todo te va a ir bien. Creo que es justo lo contrario.

El Evangelio cuenta que la vida es todo. Son los días radiantes, pero también los momentos de tormenta. Los momentos en que abrazas tus compromisos con pasión, alegría y entusiasmo y aquellos en los que se hacen cuesta arriba. Es la fiesta, la celebración y la amistad, pero también la cruz, la soledad y el dolor.

A veces esto no se entiende así y, cuando llegan los mazazos que trae la vida, parece que lo primero que se trastoca es la fe. Por eso creo que hay que aprender a escuchar.

—¿Y cómo puede alguien que siente que ha perdido ese ritmo volver a bailar con Dios?

—Creo que muchas veces entendemos mal la práctica religiosa. Parece que solo tiene sentido cuando tienes una fe muy viva y dinámica, cuando estás convencido de todo.

Yo la comparo con el ejercicio físico para quien necesita ponerse en forma, o con los Ejercicios Espirituales para quien necesita recuperar un poco de fuerza.

Para mí, la práctica religiosa es estar en la estación. Luego, un día pasa el tren y te subes. Pero, si no estás en la estación, nunca hay espacio para que eso ocurra.

Y, junto a eso, buscar el Evangelio: en una conversación, preguntando a testigos, rezando en la soledad de una habitación o releyendo la propia vida.

—Si bailar también habla de cómo vivimos y maduramos, ¿cómo dirías que estás bailando tú en este momento?

—Creo que estoy en una etapa de baile tranquilo, de baile sereno y, por otra parte, con mucha gente en la misma pista de baile. Vas encontrándote con unos y con otros. Quizá la expresión sería pacífico.

—Estás llevando Bailar con Dios por distintas ciudades. ¿Qué estás encontrando al compartirlo con la gente?

—Está siendo muy bonito. No estoy haciendo exactamente presentaciones de un libro, sino charlas sobre Bailar con Dios. Y no cuentan exactamente lo mismo que el libro, porque el libro ya está ahí y la gente puede leerlo. Es algo un poco más amplio.

Está teniendo muy buena acogida y creo que ocurre precisamente porque, de repente, la gente entiende: «Esto está hablando de mi vida». No de la vida de José Mari, sino de la vida de cada persona que escucha.

He dado conferencias sobre muchísimos temas durante muchos años, pero con esta tengo la sensación de que hay algo distinto. Creo que es resultado de todo este tiempo dándole vueltas hasta llegar a lo que realmente quería contar.

Ahora quiero ir, sin prisa, a los lugares donde me llaman, compaginándolo con el trabajo y con la vida diaria. Por el momento, en España, y más adelante quizá también en América.

Ojalá mucha gente disfrute de este baile, porque es el suyo.

Próximas presentaciones.

Bailar con Dios continuará su recorrido el 3 de noviembre de 2026 en Santander, el 4 de noviembre en Valencia, el 11 de noviembre en Sevilla y el 12 de noviembre en Málaga.

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