Publicado: Viernes, 27 Febrero 2015

Un gran colaborador en el corazón de la Misión

El pasado sábado 21 de febrero los Jesuitas de Asturias perdíamos a un entusiasta colaborador de todo lo que fuera Compañía de Jesús. Chema Cabezudo dejaba este mundo después de luchar con toda su energía y entusiasmo contra una leucemia que le supuso dos trasplantes de médula y varios periodos de internamiento en el Hospital, desde que en el año 2012 se le detectara la enfermedad.

A lo largo de su vida siempre ha tenido un amor profundo a la Compañía de Jesús y desde distintos ámbitos ha trabajado por hacer presente en la sociedad asturiana, la misión de  la Compañía de Jesús. Era miembro del Consejo Apostólico de la Plataforma Apostólica de la Compañía de Jesús en Asturias y su relación con los medios de comunicación social ha hecho que se conociera la labor realizada en las distintas obras e instituciones de la Compañía.

Era también el impulsor de la Red Ignaciana de Asturias y su interés por la Compañía le llevaba a informar de todo lo sucedido de cualquier jesuita que fuera asturiano o que hubiera pasado por esta región, llegándonos a veces noticias mucho antes por sus e-mails que por los conductos ordinarios. Siempre decía que enviaba  entre unos 300 a 500 e-mails.

Entre 1989 y 2008 fue también presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio de la Inmaculada, al que pertenecía desde que era escolar, allá por el año 1961. Y entre el 2002-2005 ocupó la presidencia de la Confederación Europea de Asociaciones de Antiguos Alumnos de Colegios de Jesuitas.

Estos días la prensa local no deja de publicar noticias para destacar su personalidad y valía. La sociedad de Gijón se volcó en el funeral celebrado en la Iglesia de San Pedro, llenando el templo y los alrededores, el pasado 23 de febrero. El párroco y amigo Javier Gómez Cuesta, acompañado de un nutrido grupo de sacerdotes y jesuitas, incluido el P. Treceño sj con sus 102 años, ofició el funeral en el que destacó su amistad y sobre todo que era un hombre de fe. Chema, dijo, era un hombre “con sello ignaciano, de esos de Principio y Fundamento, de los que reconocen que Deus Semper maior, de los que se valen del discernimiento para saber lo que merece la pena en la vida”, lo que le llevó a llevar la enfermedad con serenidad y paz.

Comenzó leyendo un mensaje de móvil que había recibido unos días antes de Chema desde el hospital y afirmó que este mensaje le servirá “como estímulo, aliento y fuerza para circunstancias difíciles y para  sentir su cercanía”. Terminó la ceremonia con unas palabras de su mujer Izicar, entrañables, cercanas y serenas que terminaron por emocionar a todos los presentes.

Seguro que desde el cielo, junto a San Ignacio, seguirá impulsando todo lo que la Compañía de Jesús realiza para llevar adelante la misión encomendada. Gracias Chema y hasta siempre.

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