El cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, celebra su 50 aniversario de sacerdocio
Con motivo del 50 aniversario de sacerdocio del cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, la Sala Borja acogió ayer a más de 400 vallisoletanos que deseaban compartir con él tanto vivido como sacerdote, como profesor, como arzobispo, como presidente de la Conferencia Episcopal y como cardenal. “En Valladolid estoy como en casa”, decía. Y así fue la respuesta a su convocatoria para celebrar su aniversario: muy numerosa. Guiaba el encuentro José María Rodríguez Olaizola sj. Ambos, en el escenario, mantuvieron un diálogo cordial en torno a la figura personal del protagonista, su reflexión de la iglesia post-Vaticano II y el análisis de la iglesia hoy. Temas recogidos en su libro Memoria y gratitud, publicado por Sal Terrae, y que ayer dio a conocer. El acto fue todo un testimonio de 50 años de vida del sacerdote que ha tenido la oportunidad de ejercer su ministerio en diversos momentos históricos, distintos lugares y desde varias responsabilidades. Memoria y gratitud compartida.
La conversación, fluida y sincera, abarcó temas muy diversos, algunos controvertidos como el de los abusos sexuales a menores y su intervención en el caso de los Legionarios de Cristo. “Siempre es necesario pedir perdón a las víctimas, hay que colaborar con la justicia y hay que acompañar al sacerdote”, contestó. El cardenal respondió a las numerosas preguntas planteadas por el jesuita que comenzó interrogando por la vocación personal del propio Blázquez, “¿por qué se hizo sacerdote?” y terminó sondeando por la vocación sacerdotal y del laico hoy: “¿qué valora más y que le preocupa más de los sacerdotes de hoy? ¿Cuál es la misión de los laicos en la vida pública?”. A ambas les une el anuncio del evangelio, “anunciar sin insultar”, que busca la armonía con la misericordia, lo pequeño y lo vital: “El evangelio es anuncio de la Buena Noticia; es renuncia de aquello que puede desviar su cumplimiento y es denuncia de quienes lo entorpecen”.
Desde la percepción de sí mismo hasta su visión de quienes han dirigido y dirigen la iglesia universal, Blázquez se mostró tal y como se define, “sosegado”. Consiguió disimular su tendencia allí confesada a “ser reservado” y sus dificultades para “entrar en comunicación”. De sí mismo habló de lo mucho que le ha gustado el estudio y la interioridad y reconoció que nunca se habría hecho periodista. En cambio, reveló su otra vocación, la de maestro. El próximo 18 de febrero, sábado, se cumple exactamente ese 50 aniversario que celebrará en la catedral con una eucaristía. A sus 75 años de edad (los cumple el próximo 13 de abril) mantiene su esperanza muy viva y comparte su memoria en este libro que se acerca a sus maestros esenciales y a cuestiones eclesiales importantes. Con todo, una confidencia en la Sala Borja: “No me gustaría recorrer de nuevo el camino”.
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