Publicado: Viernes, 23 Febrero 2018

Anunciar la fe en las fronteras, una reflexión compartida en Valladolid desde la experiencia vivida

Anunciar la fe en las fronteras. Bajo este título se ha desarrollado estos días en la Sala Borja de Valladolid la Semana de Teología del Instituto de Fe y Desarrollo. La frontera entendida como ese espacio metafórico donde se vive en conflicto, en lo desconocido, en la desesperanza.  Lugares a los que está llamada la Compañía de Jesús y los creyentes a llevar la fe del evangelio. Benedicto XVI hace 10 años invitaba a los jesuitas en la CG35 a acudir a esas fronteras. Y estos tres días han tratado de servir de guía en ese camino. Primero, iluminando los desafíos fronterizos y segundo, compartiendo dos testimonios de vida: en la frontera de la evangelización en China del jesuita Ignacio Ramos, Tachi, y en la frontera de la injusticia, de David Saiz Caramero y Loumkoua Soulong, que viajaron juntos en bicicleta desde Ceuta hasta Bruselas.

Numerosos desafíos a superar para hacer presentes los valores evangélicos.  José Luis Vázquez SJ se refirió el primer día a cinco fronteras: la increencia, las otras maneras de creer, la injusticia global, las cuestiones éticas y la frontera interior de la reforma de la iglesia. De cada uno extrajo las lecciones de la historia de la iglesia y del momento actual.

El segundo día fue la oportunidad de conocer de primera mano el testimonio de Tachi y su misión en China. Inquietudes y vocación al servicio de la fe en Pekín, una ciudad de 20 millones de habitantes, materialista por excelencia y con una minoría católica: “Trato de levantar puentes, dar testimonio y descubrir la presencia de Dios en una de las culturas más antiguas del mundo”. Un servicio que no es fácil. En China la religión está “tolerada pero muy controlada y con muchas restricciones”. Y por ejemplo, cuenta que está prohibido celebrar misa. Y lo que aquí es un acto cotidiano, allí es un riesgo. Fe y cultura que inspiran y motivan a Tachi para creer en este servicio de puente y “ayudar con mi vida para que otros compañeros también puedan cruzarlo”.

Para el tercer día, el relato de dos buenos amigos muy unidos, el español David y Loumkoua, sobre su viaje en bicicleta entre dos ciudades muy separadas: Ceuta, en la frontera de España- África y Bruselas, en el corazón de Europa. Los 2750 kilómetros son más que una aventura de 28 días de pedaleo, de sueños a la intemperie y generosas atenciones de desconocidos. Es el viaje de la frontera al corazón que alcanza el sueño salvando los miedos, manteniendo viva la ilusión, desprendiéndose de prejuicios e inspirándose mutuamente toda la fuerza necesaria para continuar. El relato de su vivencia reflejaba por sí mismo las claves recogidas en el manifiesto entregado a los políticos en Bruselas: detrás de cada migrante hay una historia dura. Y ellos, como todos los seres humanos, necesitan de una mirada al corazón más que a la frontera por la que cruzaron. Loumkoua entró por Ceuta y aún recuerda cómo al otro lado muchos amigos suyos murieron en el camino. Una vez cruzada la frontera, se encontró con personas que le miraban como hermano. Que lo abrazaron. “Ahí nació la fuerza mía”, recordaba. Fueron gestos generosos de gente cercana. “Las cosas cambian desde abajo”, decía David, tras comprobar que el cambio no proviene de los políticos desde sus despachos. Sino de pequeños gestos de acogida.

Vídeo de presentación de la Semana de Teología de Fe y Desarrollo.

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