Publicado: Jueves, 21 Noviembre 2019

Mártires jesuitas: Antorchas de luz y esperanza


«Gastar la vida es trabajar por los demás (…); es quemar las naves en bien del prójimo. Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos; solamente entonces seremos luz.» (Lluis Espinal SJ)

En los últimos 50 años, 57 jesuitas han sido asesinados por defender la justicia y la reconciliación.

En su 50 aniversario, el Secretariado para la Justicia Social y la Ecología quiere rendirles un modesto homenaje con la publicación “Mártires jesuitas: antorchas de luz y esperanza” que contiene una breve semblanza de cada uno de ellos y testimonios de personas que los conocieron.

Todos profesaron un profundo amor por Jesucristo y por el Evangelio. Siguieron a Jesús yendo a las fronteras, a las periferias del mundo y permaneciendo allí. Encarnaron la presencia de la Iglesia con las comunidades sufrientes y marginadas. Vivieron la opción preferencial por los pobres. Trabajaron en diferentes tareas: trabajo pastoral, en escuelas o universidades, análisis de la realidad social, denuncia de los abusos de los poderosos y defensa de los derechos de las personas marginados. Facilitaron el diálogo entre religiones y trabajaron por la paz y la reconciliación.

Los frutos de su testimonio fueron fecundos: conversiones personales, profundización de la fe, aumento de las vocaciones, comunidades capaces de afrontar sus problemas con dignidad y que viven en paz. Sus vidas inspiran a luchar por la fe y la justicia. También propiciaron cambios estructurales, como la aceleración de las conversaciones de paz entre las partes contendientes de El Salvador tras los asesinatos de 1989 o la labor de reconciliación que se dio en Ruanda tras el asesinato de los mártires en aquél país.

Sus asesinos quisieron silenciarles al arrebatarles la vida. Paradójicamente, su espíritu sigue vivo y continúa dando frutos. Su luz brilla intensamente.

Descansen en paz. Que su paz nos transmita a los vivos la esperanza y que su recuerdo no nos deje descansar en paz (Mons. Pedro Casaldáliga).

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