Publicado: Viernes, 10 Enero 2020

Sal Terrae: Parroquias y espiritualidad

Desde su origen las parroquias fueron servidas por el clero secular, pero cada vez más muchas parroquias van siendo confiadas a presbíteros religiosos. A lo largo de la historia la Compañía de Jesús se ha mostrado renuente a aceptar la responsabilidad de llevar parroquias porque limitaba la movilidad y la dedicación al estudio que S. Ignacio quería para los jesuitas. Sin embargo, con el tiempo, el ministerio parroquial se ha convertido en un ministerio más de los jesuitas; en la actualidad la Compañía es responsable de unas dos mil parroquias en todo el mundo y son muchos los jesuitas que dedican la mañana del domingo o unas horas semanales a colaborar en alguna parroquia.

Que los religiosos se encarguen de parroquias suele tener el efecto de que éstas se enriquecen con los carismas propios de la espiritualidad de la congregación a la que se ha confiado la parroquia. La Congregación General 34ª de la Compañía (1995) en su decreto 19 (nº4), dedicado a las parroquias confiadas a jesuitas dice que “la parroquia jesuítica recibe energía de la espiritualidad ignaciana especialmente por medio de los Ejercicios Espirituales y el discernimiento individual y comunitario”.

Este número de la revista SAL TERRAE trata del enriquecimiento que la espiritualidad de las congregaciones religiosas puede aportar a las parroquias. Para ello cuenta con los siguientes artículos.

Alfredo Verdoy, S.J. narra el devenir de los jesuitas en torno a las parroquias en el período que va de 1966 a 2012. Explica los motivos por las que ni los primeros jesuitas ni tampoco sus sucesores aceptaron, dentro de su amplia oferta ministerial, el servicio parroquial. Siglos después otros motivos llevaron a la Compañía a aceptar este ministerio y, finalmente, presenta la evolución, características y balance de lo que a lo largo de estos últimos cincuenta años ha supuesto el ministerio parroquial para la Compañía.

Angel Camino Lamelas, OSA ofrece las claves de la aportación que las congregaciones religiosas pueden hacer al ministerio parroquial: que sean capaces de crear comunidades vivas desarrollando la espiritualidad de la comunión con el resto de parroquias diocesanas. La integración de los carismas en la Iglesia local logra que esos mismos carismas se abran a otras vocaciones, sacerdotales realigiosas y laicales. Los laicos de las parroquias confiadas a religiosos se suelen sentir identificados con el carisma propio, no para encerrarse en él, sino para enriquecer a la Iglesia y al mundo con dones del Espíritu.

Alvaro Alemany Briz, S.J. se fija, en concreto, en lo que supone la espiritualidad ignaciana para la pastoral parroquial. Ésta ntroduce una personalización de la experiencia cristiana, basada en el encuentro con Dios y en la respuesta a la llamada personal a trabajar por su Reino. La parroquia potencia y acompaña la pluralidad de vocaciones cristianas, vividas en comunión eclesial, y amplía su horizonte con un compromiso por la justicia en el mundo y con una apertura misionera a quienes no pertenecen a ella.

Juan Carlos Merino Corral nos habla de la experiencia llevada a cabo en una barriada en Madrid donde se pusieron en práctica en parroquias los itinerarios de iniciación a la oración  con el método ignaciano, lo que ha contribuido poderosamente a la renovación parroquial. Pues la apuesta por la renovación de la Iglesia en clave misionera y sinodal exige que la parroquias se conviertan en ámbito privilegiado del encuentro personal y comunitario con el Señor.

Iniciamos en este número una nueva serie que continuaremos durante el año 2020 dedicada a los Diez Mandamientos. José Manuel Caamaño López ofrece en su trabajo, el primero de la serie, una reflexión sobre el significado moral y pastoral que el “Decálogo” ha de seguir ofreciendo para los cristianos en el mundo de hoy.

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