Semblanza del P. Francisco Belda Alcaraz SJ

Al cumplir los 50 años de jesuita el P. Belda, lo felicitaba el P. General y, al agradecerle sus trabajos, le hacia este elogio. “Su vocación, fue la acogida en el Noviciado de Aranjuez y confirmada luego a través de sus primeros y últimos votos, por María, madre de Jesús y madre nuestra, Asunta en los cielos. Ahora a la sombra de su advocación “del Recuerdo”, ella misma le ayudara a rememorar las etapas de una carrera de medio siglo en la que tan noblemente ha competido, para convertir esa evocación en un entrañable Magnificat. Aprovechó Ud. bien el quinquenio previo a su entrada en la Compañía para introducirse en el mundo universitario con sus afanes sociológicos y filosófico-éticos. Lo que gratis recibió como alumno en Chamartín, Deusto, Dublín, Roma, gratis ofreció después como profesor en Alcalá, Comillas, Gregoriana. Sus años romanos le enriquecieron, seguramente, con un sentido amplio de apertura y servicio universales. Y, en ese horizonte, fueron muchos los que por doquier quedaron enriquecidos con sus eruditas y amenas exposiciones, sus observaciones llenas de realismo y sentido común, sus prudentes y oportunos consejos. También los provinciales quisieron valerse de ellos y por eso le eligieron como consultor de provincia. Y por eso la Compañía le confió en tiempos nada fáciles el rectorado de la facultad de filosofía de Alcalá y el de la Universidad Pontificia Comillas”.

El P. Belda nació en Madrid el 5 de mayo de 1923. Su padre, don Manuel Belda Soriano de Montoya, era Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Su esposa, se llamaba Josefina Alcaraz que, como las madres del tiempo, se encargó de educar más directamente a sus hijos. Ambos formaron un feliz hogar, que el Señor les premio con 7 hijos. Entre ellos, Francisco, que estaba en el medio de sus hermanos. Estudio el bachillerato en el Colegio del Pilar (Marianistas). Con ellos hizo la primera comunión y fue creciendo su fe y su amor a Jesús y a la Virgen.

El 18 de julio comenzó Guerra Civil Española que iba a durar tres años. Pronto comenzó la persecución a los hombres cristianos o que desempeñaban algún cago público. Al encontrarse don Manuel en Madrid y la esposa en Ávila que era zona nacional, quiso estar junto a su esposo, se volvió con sus hijos a la capital. A pesar de ello, pronto comenzaron el calvario y sufrimiento familiar. Al padre lo metieron en la checa y un portero que lo conocía le dijo que huyera y se salvó. Recordaba que

pasaron hambre y miedo. Al estar el padre escondido la familia quedó requisada, arruinada y sin sueldo alguno.

Concluida la guerra le devolvieron a su padre el trabajo, en Santa Cruz de Tenerife. Allí se repusieron de las penurias sufridas. Paquito, como estaba en la universidad estudiando Ciencias, siguió en Madrid. Joven bueno y piadoso, militaba en la congregación mariana de los jesuitas. En ella, junto a otros jóvenes, amantes de la Virgen, fue sintiendo deseos de una vida más perfecta. Una vez consolidada y señalada la fecha de su admisión, fue a Tenerife, a despedirse de sus padres y hermanos. Del viaje

recordaba que lo hizo en tren hasta Algeciras. De allí tomó un barco, que los ingleses asaltaron a mitad de camino y le hicieron volver a Gibraltar. Después de retenerles unas horas, les permitieron seguir el viaje. Por eso decía que hizo la promesa de no volver al “Peñón”, y así ha sido porque no volvió. Después de unos días con la familia, volvió para dar comienzo a su nueva vida, en el noviciado de Aranjuez. Llegó el día 13 de agosto de 1945. El maestro, P. Carlos Gómez Martinho, lo anotó en el Libro del Noviciado, para que pudiera hacer los primeros votos dos años más tarde en la fiesta de la Asunción de la Virgen a los Cielos. Se los recibió él mismo y fue el testigo de su consagración en pobreza, castidad y obediencia al Señor. Para armonizar el acto, cantó el coro de los juniores. Ese mismo día el P. Maestro, destinó al Perú a tres novicios. Por lo que el distributario en el diario decía: “Fue un día verdaderamente emocionante y trascendental para todos”.

En Aranjuez hizo el H. Belda dos años de junior y pasó a estudiar la filosofía en Chamartín. La ultimó con la Licencia y la recepción de las órdenes menores, que le confirió el Sr. obispo Mons. Alonso Muñoyerro, en la Capilla de la comunidad los días 6 y 7 de julio de 1952.

El P. José María Azpiazu, director de Fomento Social y profesor de Sociología en Oña, hombre de gran prestigio, quiso que hubiera buenos escritores y profesores de sociología. Para ello organizó un bienio de esta materia en la Universidad de Deusto, con clases en la Facultad de Derecho y en la de Económicas. Francisco Belda fue uno de los cuatro primeros alumnos. Sus superiores, en vez de hacer el magisterio en algún colegio, quisieron que se especializara en esta materia. Con ilusión se integró en la comunidad jesuítica de Deusto que dirigía el P. Javier Baeza. Allí consiguió el título de “Graduado en ciencias económicas y sociales”, con nota de sobresaliente.

Para que conociera otros movimientos culturales y espirituales, lo enviaron a estudiar la Teología a Irlanda. Al tiempo, querían los superiores que aprendiera también la lengua inglesa. Hombre inteligente y pacífico supo acomodarse a las costumbres extranjeras. Al terminar el tercer curso, le correspondió ordenarse de sacerdote. La familia de un compañero jesuita irlandés, le dejó una vivienda para que los padres pudieran pasar unos días con él. Concluida la teología, le quedaba el año de tercera probación. Se la dirigió en San Jerónimo de Murcia el P. Manuel Olleros, con clases, charlas, dirección personal y, especialmente, con la repetición del mes de Ejercicios Espirituales. Fueron 28 los tercerones ese año. Entre ellos se integró el P. Belda que quedó muy contento con la experiencia y de la comprensión de los superiores al enviarle a Tenerife al mes de ministerios, ya que no había ido cuando se ordenó de sacerdote y pudo ver a su familia. Con la terminación de la Tercera Probación, como querían que fuera formador de los jesuitas, lo enviaron a Roma para que consiguiera el doctorado en filosofía. En la Gregoriana lo consiguió con nota “cum laude probatus”. La tituló “Ética de la Creación de Créditos, según la doctrina de Molina, Lesio y Lugo”, materia que expuso también en algunos cursos que dio en el Valle de los Caídos, según consta en los diversas conferencias y artículos. De inmediato se incorporó en la facultad de filosofía de Alcalá de Henares, con clases de Ética, Derecho Natural y Sociología. En las vacaciones que tenían los filósofos en Navas de Riofrío (Segovia), el 15 de agosto de 1962, en la misa comunitaria, hizo los últimos votos o profesión religiosa. Se los recibió el P. Arroyo a quien el 1 de octubre de 1962 nombraron provincial de Toledo. Le sustituyó en Alcalá, el P. Javier Múzquiz y 5 años después el P. Belda que, según su comentario, hizo lo que pudo.

Con el traslado del Seminario de Comillas a Madrid, le llegó también el turno a la casa de Alcalá que, una vez que encontraron alojo en pisos de Madrid, se cerró como facultad y el P. Belda dejó de ser rector. Un año después lo nombraron rector de la Universidad Comillas, en sustitución del P. Jesús Solano. Entonces pasó a vivir en la residencia de la Avda. de la Moncloa, 4, ya que, con el cargo de rector lo nombraron superior de la comunidad de profesores. Junto a estos cargos, continuó dando clases de Derecho Natural y siendo consultor del P. Provincial. El periódico ABC, se hacía eco del cambio de rector diciendo entre otras cosas que había actuado como Consiliario Nacional de Graduados de Acción Católica y, en la actualidad, era profesor de Derecho Natural en la misma Universidad de Comillas. Eran unos 913 alumnos. De ellos 324 pertenecientes a religiosos, 27 a religiosas, 204 a sacerdotes o seminaristas del clero diocesano y 76 a seglares.

Junto a este nombramiento, la Conferencia Episcopal española lo nombro “miembro del consejo consultivo de asesores eclesiásticos”. Firmaba el documento el Sr. obispo de Calahorra, Mons. Abilio del Campo. Dentro de su cargo de rector, se elaboraron en la universidad nuevos estatutos y para encontrar ayudas económicas, acudió alguna vez al gobierno y fue recibido por el presidente, Francisco Franco, con otros jesuitas.

El 29 de julio de 1972, fue sustituido como rector, dejando el cargo al P. Mariano Madurga. Tras pasar un año en la casa de escritores de Madrid, fue de profesor a la Universidad Gregoriana de Roma, donde le encargaron dar clases de ética y sociología. Se instaló en la comunidad de la misma universidad y allí siguió feliz con la docencia y la investigación hasta que al final del 1992 se puso enfermo y tuvo que desprenderse de él. Un cáncer de próstata le puso al borde de la muerte. El médico,

aunque lo operaron, dijo que duraría muy poco. Ante el peligro que suponía, recibió la santa unción y decía que, desde entonces, quedó con mucha paz en manos del Señor. Y añadía que como él, en la oración en el huerto repetía: “pase de mi este cáliz pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Al no curarse el cáncer, lo enviaron a España para que muriera en su tierra. Pasó por Tenerife para despedirse de la familia. Llegó a Madrid y el provincial le dio como residencia la enfermería del Colegio de Chamartín. Aquí el mal fue remitiendo quedando estabilizado. En la misma enfermería había otros enfermos a los que decía la misa y era como su capellán. Tras 10 años, se cerró la enfermería y los enfermos se integraron en la de Alcalá de Henares. En ella ha permanecido el P. Belda hasta su muerte. El año 2004 comentaba que estaba muy contento con el oficio que le habían designado: “Ora por la Iglesia y la Compañía”. Y, añadía que a algunos no les gusta que se lo pongan en el Catálogo, porque creen que es estar ya para partir al cielo, y se reía. Lo nombraron espiritual de la casa, contribuyendo como le escribiría el P. Barrero: Su vida ha contribuido al buen ambiente, fraterno, leal, en una comunidad numerosa.

Querido y apreciado, con el paso de los años fue bajando su salud. A primeros de febrero de 2013 le subieron a vivir en la enfermería para estar mejor atendido. Iba perdiendo la memoria, aunque no la paz y se sonreía al decir “me han subido porque creen que estoy mal y yo me siento igual. Soy viejo y he cumplido mi misión”. Al comienzo del año 2017 tuvo que subir al carrito de ruedas para ser llevado de un lugar a otro. Bien atendido por las enfermeras/os fue pasando este tiempo. Hasta que el

buen Jesús y la Madre a quienes amaba y a la que rezó muchos rosarios lo llevaron al cielo a recibir la “corona merecida” de su encuentro y de su compañía, a eso de las 11:30 del día 25 de septiembre de 2017.

A las 10:30 del día siguiente se tuvo el funeral comunitario en la capilla grande del Cristo. Le presidió el P. superior Rafael Mateos, que aplicó las lecturas al padre, como elegido por Jesús, que acogió su palabra y siguió el camino que nos lleva a Él para estar luego juntos disfrutando de su paz y amor. Recordó que lo tuvo de rector en Alcalá siendo filósofo. Luego de súbdito siendo rector en Chamartín, cuando llegó de Roma por su grave enfermedad. Mencionó también su bonita labor con los niños pequeños a quienes confesaba y los críos le querían. Cumplía así con el cuarto voto que hizo, al hacer la Profesión el 15 de agosto de 1962. Igualmente alabó la labor que hizo en los primeros años en Alcalá siendo confesor y acompañante espiritual de la comunidad, que ha gozado de su gran cultura y de su bondad como hombre de bueno y de consejo. Después del funeral se trasladaron sus restos a la Sacramental de San Isidro, donde el mismo P. superior le rezó unas oraciones de despedida con el

deseo de que el Señor le premie abundantemente e interceda por nosotros, para que sepamos seguir sus buenos ejemplos.

(Extracto de la necrología escrita por el H. Amancio Arnaiz).

Alcalá de Henares, 17.10.2017

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