Semblanza del P. Luis Manso de las Moras SJ
Todavía puede oírse, por Loyola, Enfermería y tránsitos, el silbido suave pero persistente, con el que el P. Luis Manso (Villanueva de los Infantes, Valladolid, 28/02/1932 – Loyola, 24/10/2017) trasmitía al aire de sus deseos su vida contenida, camino de la eternidad soñada, concretada en un deseo en el que extendía sus manos hacia el Dios de la Vida, búsqueda perpetua y hasta emocionada del más allá, hacia el que tercamente caminaba, desde el más acá, que fue un ayer que ya pasó y un mañana dibujada en los albores de la creación.
Fueron las 7 de la mañana del 24 de octubre cuando el P. Luis Manso de las Moras fallecía en esta Casa de Loyola, en un suspiro, en una sorpresa de la vida que se dibuja en el hoy con vocación de eternidad.
Había cumplido 85 años de edad (quizá pocos), 67 años de Compañía de Jesús (muchos años) y 53 años de sacerdocio (bastantes años), teñidos de espíritu ignaciano, aquel que recibió en Loyola, en su Noviciado, y protegió, por la gracia de Dios, hasta un presente que se nos antoja rápido, demasiado rápido, pero que en las cuentas de Ignacio de Loyola y Francisco de Javier, sus dos grandes santos y padres de la Compañía de Jesús, alentaron su vida. Porque lo que nace de Dios, a Dios vuelve y lo que anida en el Corazón de Jesús se eleva en un vuelo de águila que mira, cenitalmente, perpendicularmente, al camino recorrido que se embebe en esperanza y en amor primigenio para hacerse un presente eterno.
Desde el 29 de septiembre de 1950 el P. Luis Manso vivió en la Compañía de Jesús, después de entrar en el Noviciado de esta Casa de Loyola, donde tras emitir los votos religiosos del bienio, realizó sus estudios de Juniorado.Fueron cuatro años de experiencias fundantes en los que los dos primeros escalones de su vida en la Compañía de Jesús, Noviciado y Juniorado, fueron tallando su figura humana y jesuítica, en un crecimiento continuo que se le fue abriendo en un horizonte hermoso y emocionante, pensado más para ayudar que para crecer, vivido más del deseo de dar que el de recibir, y todo esto nacido de los Ejercicios Espirituales, primero como adolescente y joven con ideales, seguido luego por la vivencia secuencial de los Ejercicios Espirituales de mes y de su perseverancia anual de los mismos, guiado, siempre, por buenos Maestros Espirituales.
Lo estudios de filosofía los cursó en la Casa de Oña (Burgos) de 1955 a 1958. El Magisterio lo vivió en el colegio de Pamplona de 1958 a 1961. Tras esos tres años de trabajo en el Colegio San Ignacio de Pamplona volvió a Oña donde estudió la Teología. Al terminar su tercer año, el último año de Teología, recibió la ordenación sacerdotal en la Basílica de Loyola el 15 de Julio de 1964 de manos de Monseñor Lorenzo Bereciartua.
Su tercera Probación la hizo en Gandía con el P. Francisco Segarra y una vez terminada recibió su primer destino en el Colegio de San Ignacio de Loyola de Pamplona, donde estuvo de 1966 a 1986. Fue Inspector, Profesor, Encargado de los Antiguos Alumnos, Prefecto de Estudios, Tutor, Coordinador de la EGB y Consultor de la Casa.
Su vocación educacional se desarrolló en el plural de tareas que le encomendaron y que configuraron su personalidad jesuítica y humana, siempre preocupado de la formación espiritual y humana de los alumnos que veían en él un hombre bueno, y fino jesuita, entregado a la formación y a la promoción espiritual y humana de varias generaciones de alumnos.
No obstante, y como un apéndice siempre presente en sus trabajos pastorales, recuerdo su esmerado trabajo, con imágenes y palabras, recogidos en una varianda o gran cuadro acristalado, del paso de san Ignacio, sobre todo por Pamplona (y por Navarra, en general), en cuya ciudadela resistió, valerosamente las embestidas del enemigo, defendiendo la ciudad hasta casi entregar su vida. Resumen histórico-espiritual de la vida de Ignacio de Loyola, que fue adaptando y enriqueciendo como si de un diorama se tratase, en el que se podía ver a un Ignacio de Loyola entregado a la vida que él mismo había recibido de Dios.
Sin duda que las palabras de San Pablo a los Romanos, leídas en la primera lectura de esta celebración eucarística, se habrán entretejido en el corazón y en la mente de nuestro buen P. Luis Manso, que no por callado y circunspecto podrá decir, con toda propiedad, ahora, «pues estoy convencido de que ni la muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarme del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro».
Ahora sí, claro que sí, podrá pronunciar esas palabras sagradas, plasmadas en el Nuevo Testamento, y presentarse ante el Altísimo, el eternamente joven y cercano, pidiendo amor y dando amor, mirándole a los ojos y hundiéndose en la eterna marea del dar y del amar que conforma nuestro mundo y el mundo que nos espera.
El Colegio de Ntra. Sra. de Begoña, en Bilbao, llenó toda su segunda gran etapa educacional en sus años educacionales en la Compañía de Jesús. Tras realizar unos estudios de Teología Pastoral en Madrid fue destinado al Colegio de Ntra. Sra. de Begoña, en Bilbao, de 1987 a 1996 desempeñando cargos de Espiritual, Profesor, Tutor y coordinador de Pastoral.
Sin embargo, después de un año de estancia en Jerusalén, año 1996, donde realizó Estudios Bíblicos, volvió al Colegio de Ntra. Sra. de Begoña donde cubrió el último tramo de su vida apostólica y educacional de 1996 a 2014. Esta vez en el puesto, nuevamente de Espiritual, añadiendo la atención a la Cofradía de la Santa Eucaristía, colaborando en la Pastoral en la Iglesia del Colegio y siendo Coordinador Provincial del Apostolado de la Oración y del Movimiento Eucarístico Juvenil.
Una vida pensada y desarrollada desde el “dar” y el “darse”, desde el amor a la verdad y a Dios como su inventor, sin escapatorias, enredado en las ramas del saber y del querer, con franqueza, con ilusión, con pertinacia, ignacianamente persistente, Javierinamente (Francisco de) misionero, humildemente activo, sin descanso.
Como hemos escuchado en el Evangelio de la misa funeral: en palabras de María Magdalena «He visto el Señor y ha dicho esto». Esto, eso y lo otro, porque la Palabra de Dios está inmensamente llena y nos transmite a las mujeres y hombres del mundo conocido y desconocido, la maravilla de poder decir, hacer, amar y construir un mundo nuevo.
El año 2014 fue destinado a esta Casa de Loyola donde aun cuando vivía en la Enfermería participaba todavía en la vida de comunidad.
Aún sigue flotando en nuestro ambiente (venid a escuchadlo) el silbido suave pero persistente, con el que el P. Luis Manso trasmitía al aire de sus deseos, su vida contenida, su emoción por la vida, atentos sus oídos a la voz del Señor que nos dice: «Estoy llamando a tu puerta, si oyes mi voz y abres, entraré y cenaremos untos».
Luis Manuel de la Encina, S.J.
Loyola, 27 de octubre de 2017
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