Semblanza del P. Henrique Munáiz Puig SJ

El P. Henrique Munáiz Puig SJ, pontevedrés, falleció en Brasil el 19/10/2017. Se había desplazado a este país con 35 años donde trabajó especialmente para proporcionar una educación de calidad a los colectivos más necesitados. Diversos medios brasileños se hicieron eco de su fallecimiento, como esta noticia en un informativo de televisión. 

Estas son las palabras en la Misa Funeral del P. Henrique Munáiz Puig SJ, celebrada en la Iglesia Parroquial de San Bartolomé Pontevedra, el pasado 23 de octubre de 2017.

En primer lugar agradecer, en nombre de la familia de Quique Munáiz Puig, vuestra presencia en estas exequias y la oración por su alma y eterno descanso.

También agradecimiento a la Parroquia de San Bartolomé por su disposición a este funeral y en especial a su Párroco, así como a los sacerdotes concelebrantes.

En segundo lugar, quisiera decir unas palabras acerca del hombre cuya alma hemos venido aquí a acompañar en su camino hacia la Eternidad. Resulta difícil la necesaria brevedad ante una vida tan abrumada de experiencias.

Era Quique de una personalidad muy singular, carácter abierto, y entregado a todos. Quiso vivir aquello que vivieron otros santos e hizo suyo el lema “estar al servicio de los más pobres entre los pobres”.

De entre sus muchas virtudes cabe mencionar su austeridad, su sagacidad, su buen humor, su elocuencia, su comprensión de los problemas, su audacia, su gestualidad, su poesía, su admiración por “la belleza”, su firmeza de convicción, la radicalidad en su entrega. De sus defectos hemos tenido alguna noticia, pero devienen de poco interés ante la magnitud de sus virtudes.

Su austeridad era proverbial. Siempre vestía su vieja sotana raída por el tiempo y había que convencerle para que se deshiciera de ella. Nos contó que en una ocasión entraron a robar en su dormitorio y se encontró con unos ladronzuelos que se llevaban la cruz de su ordenación y su reloj, probablemente las únicas pertenencias que tenía. Pues hablando con ellos, les dejó que se las llevasen con la esperanza de que esa cruz les condujera por el buen camino en el futuro.

Sagaz ante los problemas y las exposiciones que le proponían las personas que le interpelaban, siempre rápido en la contestación y en el alivio del peso del prójimo.

El buen humor era parte de su talante, hacía uso de este recurso que bien podía tratarse de una carcajada a tiempo, bien del uso de una fina ironía que tornaba -tras unos instantes de conversación- en comedia o en una situación ridícula.

La elocuencia, formaba parte de su ministerio de predicación; recursos literarios, gestualidad corporal, entonación… También empleaba la música para apoyar sus prédicas y aquellas viejas canciones ya olvidadas, él las traía al presente como si fueran de ayer y con harto entusiasmo. Le recordamos predicando en cada iglesia de las vidas de los santos cuyas imágenes estaban en los distintos altares del templo y de todos se sabía y predicaba su vida y milagros.

Su comprensión e interés por los problemas ajenos dando prioridad sólo a los verdaderos problemas y restando importancia a aquellas cuestiones que no eran de “vital necesidad”, que eran las que él atendía en su ministerio en Montes Claros.

Su audacia para acometer empresas y solucionar los problemas de las gentes de su comunidad. Sus obras en Brasil han sido considerables. Fundó tres Casas de la Juventud; dos Colegios; el convento de Carmelitas Descalzas, del que fue capellán desde su fundación en 1977 hasta hoy, ¡cuarenta años!; y la casa de las Jesuitinas, cuyos ladrillos, a falta de contribuciones, hubo de fabricar en la calle, a pie de obra con la mano de obra de voluntarios.

La gestualidad acompañaba y formaba ritmo con su elocuencia. Cuando se refería a Dios, Cristo o a la Virgen siempre llevaba el índice hacia las alturas. También al levantar la Sagrada Forma durante la Eucaristía, casi que se ponía de puntillas para subirla a lo más alto, donde el más alcanzaba. Y aquellas miradas que podían consistir en reproches, en indiferencia, en  romas o en tantas situaciones y que todo lo decían…

Su poesía. Tenía alma de poeta. Leía y recitaba poesía y, en aquellas numerosas cartas que tanto escribió a su  familia, conocidos y allegados, a menudo introducía versos que en esta forma de comunicación epistolar, sustituían su elocuencia verbal y gestual.

Su admiración por “LA BELLEZA”, con mayúsculas. Sabía apreciar y buscar la belleza en todas las cosas, en sus anécdotas (que se cuentan por decenas o centenas), en sus prédicas, en sus apreciaciones, en sus cartas, en sus sagaces observaciones... Siempre aparecía algo bello en sus palabras o actuaciones.

La firmeza de su convicción y la radicalidad en su entrega que se plasmaban en su amor a Cristo, a Dios Padre y a la Virgen María.

Era Quique una persona persuasiva, que predicaba con el ejemplo y la sonrisa, contagiando su alegría de vivir la Fe, la Esperanza y la Caridad anunciando el Evangelio. Sabía decir a cada uno lo que más necesitaba escuchar en cada momento.

Colaboró con el Arzobispo de la Diócesis de Montes Claros, D. José Alves Trindade en la Pastoral por toda la Diócesis y fue su confesor.

Viajó al menos once veces a España y en una de estas ocasiones también fue a Roma, donde se especializó en San Pablo.

En definitiva, vivió con radicalidad la Oración y la Eucaristía y así lo transmitió a sus feligreses, amigos, familiares y a todos los que le quisimos escuchar.

Todos recordamos sus cartas pues a quien le escribía, siempre más tarde o más temprano contestaba y su respuesta era esperada. Una respuesta con verbo ingenioso y con palabras llenas del vigor e inspiración Divinos.

Por último, y como despedida, saben vds. que Quique era de los que decía aquello de San Agustín: “Quien bien canta, reza dos veces”.

Ya han escuchado vds. durante la Comunión una de sus canciones preferidas “Subindo para o Ceo vou”, tan propia de esta ocasión; pero consideremos que este homenaje no queda a su satisfacción si no cantamos juntos, todos nosotros, aquel himno de la Virgen del Pilar, que tanto se esforzó en recordarnos y que, por estar en este mes de octubre, festividad de la Virgen del Pilar y a la vista de las tribulaciones de nuestro país, viene bien traído. Nos imaginamos al

Padre Henrique al pié de la Virgen, señalando con el índice hacia lo alto y entonando este himno que tienen vds. en sus asientos:

Es María la blanca paloma, es María la blanca paloma que al venir a España, que al venir a España que al venir a España, la vieron volar. 

En el centro de una hermosa nube, en el centro de una hermosa nube vino a Zaragoza, vino a Zaragoza vino a Zaragoza en carne mortal.

Y Santiago como lo sabía, y Santiago como lo sabía a orillas del Ebro, a orillas del Ebro a orillas del Ebro, la salió a esperar.

Y al decir Dios te salve María, y al decir Dios te salve María cayó de rodillas, cayó de rodillas cayó de rodillas y se echó a llorar.

Y por eso los hijos de España, y por eso los hijos de España la llamamos Madre, la llamamos Madre la llamamos Madre, Madre del Pilar.

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