Semblanza del P. Germán Aute Puiggarí SJ
Murió a los 84 años, estaba desde la primavera del 2016 en la enfermería de Sant Cugat. Murió de gangrena en un pie, de insuficiencia renal, dificultad pulmonar,…
Voy a decir tres cosas sobre Germán Aute (Peñarroya-Pueblonuevo, Córdoba, 01/01/1933 – San Cugat del Vallés, Barcelona, 27/10/2017), y después un breve comentario al evangelio. Hablaré de su formación, de su ministerio y de su persona.
Josep Carner, el gran poeta catalán, era pariente de su madre y a ésta le escribió una poesía por su primera comunión. En el seminario de Córdoba unos 4 años, pero decidió entrar en la Compañía en Barcelona, pues ya estaban aquí algunas hermanas y su madre iba a instalarse en la ciudad. Por eso entró en la provincia Tarraconense.
Estuvo 17 años en su formación. La clásica de la Compañía, pero con algunas variantes, sobre todo de universalidad. En 1953, al empezar su segundo año de juniorado fue uno de los fundadores de la casa de Raimat (26 de noviembre). En el tercer año de juniorado fue a hacer el curso de Ciencias en Salamanca. Al acabar, lo destinaron a Cochabamba (Bolivia) a enseñar latín y griego a los novicios y juniores. Al cabo de un año, cursó los tres años de filosofía en Heythrop (Inglaterra): llegó sin saber inglés y salió un maestro en la lengua. Hizo luego tres años de magisterio en Alicante. Su teología transcurrió en San Cugat del Vallés (1962-1966), y completó su formación en Paray le Monial con su tercera probación. Era un hombre de lenguas: el francés lo trajo de su casa, el inglés lo aprendió en la Compañía.
Ejerció su ministerio al servicio de la educación, al servicio de un barrio (Bellvitge) y al servicio de comunidades jesuitas.
Empezó enseñando en Sarriá. El provincial P. Pedro Ribas destinó a un grupo de jesuitas al colegio San Ignacio y otro grupo al colegio de Caspe. En San Ignacio, mientras estudiaba filología en la Universidad, él enseñaba Literatura y Griego a los alumnos del Preuniversitario. Fue un gran profesor. Compuso para sí muchas poesías, que las rompió para que nadie las viera. Estuvo enseñando aquí seis años, pero hizo una opción por los pobres y pasó a vivir a Bellvitge en 1971, aunque durante dos años más siguió enseñando Literatura en Sarriá. En Bellvitge pasó casi treinta años. Fue donde desarrolló la plenitud de su ministerio. Se encontró con una persona, para él, entrañable, como fue Pepe Ituarte. Allí fue profesor de inglés en el Juan XXIII, director técnico, pastoralista. Por Semana Santa iba con muchos matrimonios a Soria a celebrar los oficios en los días santos. Luego fue el rector de la parroquia, para acabar siendo vicario de ella. En 1997 tuvimos la suerte que el Provincial Jesús Renau nos envió dos meses a Tierra Santa, y el regalo de ir con Germán dio un plus de valor al viaje.
A partir de 1999, fue ministro de dos comunidades nuestras: primero, cuatro años en la comunidad de Drassanes, un piso de estudiantes jesuitas y luego desde el 2004 en la residencia de Roger de Llúria. Los domingos por la tarde preparaba una sesión de cine para quien quisiera. En los santos y aniversarios de los jesuitas de la comunidad, siempre ponía una frase adecuada a cada uno con la noticia de su felicitación. Tenía otros cargos: ayudante del archivero, secretario adjunto del Provincial, colaboraba en la iglesia, traducía libros al castellano.
En 2012, el día de san Pedro, tuvo un ictus, que lo llevó a la enfermería de Sant Cugat. Volvió en 2014, pudo celebrar sus 50 años de sacerdocio felizmente con sus tres grupos entrañables: la comunidad, la familia y amigos de Bellvitge. Pero fue perdiendo vista, y llegó un momento en que veía tan poco, que el mismo pidió volver a la enfermería de Sant Cugat. Esto ocurrió en la primavera del 2016.
¿Qué decir de su persona? Era un amigo entrañable, buen compañero, cordial, generoso, sensible. Le encantaba la música, especialmente el jazz. Le gustaba celebrar los acontecimientos con personas de la comunidad. El dolor humano le impactaba, y las lágrimas afloraban fácilmente a los ojos… A veces se enfadaba y gritaba. Yo le decíaque aparecía el “género literario Germán”. No había que darle importancia, pero para el que no le conocía quedaba sorprendido. Pedía perdón, y no guardaba rencor en su alma. Persona educada, respetuosa. En su enfermedad vivía confiado en Dios, con ganas de encontrarse con el Señor de su vida, pero esto se daba también con momentos de dolor y de limitación física. Mantuvo hasta el final su gran sentido del humor, pues sabía reírse de sí mismo y llorar por sí mismo. Era agudo en sus observaciones.
Unas palabras sobre el evangelio de hoy (Mt 22, domingo XXX, ciclo A): la novedad que aporta Jesús a los dos textos del AT del amor a Dios y el amor a los demás es doble: por una parte, junta ambos amores como si fuera uno solo, y además pone en esos dos amores el fundamento de toda la Sagrada Escritura. Si Dios es amor, no cabe otro fundamento. Además, para muchos judíos el prójimo era mi próximo; para Jesús uno se comporta como prójimo cuando atiende a cualquier persona necesitada.
Y esto significa que el amor de Dios lo recibimos a través del amor que recibimos de los demás; y nosotros, amando a los demás, les trasmitimos también el amor de Dios. Germán trasmitió el amor de Dios a muchas personas y éstas se lo transmitieron a él.
Ignacio Vila, sj.
Barcelona, 29 octubre 2017