Semblanza del P. Joan Suñol Bosch SJ

"¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes!" (Ef 1,3), Esta alabanza y agradecimiento con la que comienza la carta a los Efesios es la que Joan está ahora entonando y nos invita a nosotros a unirnos con él. En efecto, toda la vida de Joan fue para él una gracia de Cristo, y a través de él también lo ha sido para nosotros. ¡Hay tantas cosas que hoy recordamos y agradecemos de la persona y la vida de Joan Suñol! Sus cualidades de iniciativa, de solidaridad, de sensibilidad por los más pobres, de belleza en sus expresiones, de capacidad de acogida y de simpatía, de sencillez y de proximidad... Aquella sensibilidad espiritual y capacidad de acompañamiento en la oración y en el compromiso social... Tantas cosas que cada uno puede ahora rememorar para guardarlas en el corazón y dar gracias. Lleida ha sido el lugar donde más tiempo, y en los años de su madurez, Joan ha dedicado su celo apostólico, ha desarrollado colaboración y amistad con los sacerdotes y laicos al servicio de esta querida diócesis y también ha vivido su entrega solidaria a los más desvalidos. ¡Somos tantas las personas que ahora sentimos amor y gratitud a Joan! La misma ciudad de Lleida le ha reconocido con agradecimiento, de manera oficial, el bien hecho a esta ciudad.

Hace unas pocas semanas recordábamos plásticamente en la parroquia de San Ignacio la rica policromía de personas, actividades, grupos, servicios, relaciones de todo tipo que era la vida de Joan. Pues bien, ante todo esto Joan afirmaba: "Por encima de cualquier otra consideración, aquella plasticidad y multiplicidad [de personas y actividades] tiene un centro vital, hablo de Jesucristo, que se manifiesta en forma de comunidad". No todas las personas que estamos aquí compartimos la misma fe, pero todas, tal vez sin darnos cuenta de ello, hemos recibido el impacto de Jesús, que a través de Joan ha pasado entre nosotros haciendo el bien y liberando de todo tipo de dolencias. De esta manera nos iba revelando el rostro de Dios, Padre misericordioso.

Jesucristo era ciertamente el centro vital de Joan. De pequeño, en la familia, ya asimiló aquellos rasgos fundamentales del estilo de Jesús: sencillez, solidaridad, mirada positiva y alegre a la vida y a las personas, junto con una sensibilidad artística y poética que se manifestó en su afición al teatro, para el que mostraba notables cualidades. De adolescente, en el escultismo, en los frailes de Sarriá (los capuchinos), se iba revelando su amor a la naturaleza y al monte, su creatividad y la capacidad de liderazgo. Allí recibió un buen impacto franciscano que le ha acompañado toda la vida. También en la adolescencia, en la Escuela de Hostafrancs (Ateneu Montserrat), inició el contacto con los jesuitas, cuyo testimonio y acompañamiento le llevaron a decidirse a entrar en la Compañía de Jesús. A partir de este momento, en el Noviciado de Barcelona, Jesucristo fue adentrándose más y más a fondo en el corazón y en la vida de Joan: conocer a Jesús, amarlo, seguirlo en la vida y en la manera de relacionarse con los demás, comprometerse en el servicio a todos. Sí, Jesucristo era su centro vital que le llevó a abrazar una manera de vivir en consagración plena a Dios, en pobreza, castidad y obediencia, en una manera de hacer de toda la vida servicio, y con una preferencia constante por los más pobres y desvalidos.

Todo esto lo fue profundizando y asimilando en la escuela de Ignacio de Loyola. Dos cosas asimiló de manera muy particular: la unión inseparable de contemplación y acción y la plena disponibilidad para la misión apostólica, el servicio dentro de un cuerpo, la Compañía de Jesús. La dimensión contemplativa le acompañó siempre, pero siempre junto con la movilidad de la acción. Cuando en 1973 entró en el Noviciado, hizo a fondo el mes de Ejercicios y se entregó con fidelidad y entusiasmo a la oración, pero, a pesar de ser novicio, ya inició con su característica creatividad un servicio a personas en situación de disminución física. Y, a la vez, solicitó pasar unas semanas en una de las ermitas de Montserrat en vida solitaria y contemplativa. Esto lo repitió pocos años después cuando ya estaba más dedicado a tareas pastorales. Y siempre en la actividad pastoral ha promovido la catequesis y la educación de la fe, el servicio a los más pobres y la iniciación en la experiencia interior de la oración, en una exitosa síntesis entre fidelidad a Dios y fidelidad al mundo, entre fe y vida, entre oración y acción. Joan ha reflejado de manera excelente el tipo de cristiano y evangelizador que nos ha presentado el Papa Francisco a todos los cristianos en la exhortación sobre la "Alegría del Evangelio": "Desde el punto de vista de la evangelización, no sirven ni las propuestas místicas sin un fuerte compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón" (n. 262). Con Joan hemos podido comprender mejor las dos sentencias de la tradición ignaciana: "ser contemplativo en la acción" y "buscar y hallar a Dios en todas las cosas".

El otro aspecto de la personalidad de Joan, según el magisterio de San Ignacio, ha sido la disponibilidad para la misión, para el apostolado. Este es el sentido de la obediencia. A lo largo de los 44 años de jesuita de Joan, he tenido la gracia de compartir con él la experiencia profundamente espiritual de la obediencia como disponibilidad para la misión más necesaria en cada momento. Siempre dispuesto a darse por completo en las tareas al servicio de los otros, con amor, con proximidad, pensando sobre todo en los más pobres. Y también siempre dispuesto a ir donde las exigencias de un nuevo servicio le reclamaban, a pesar del sufrimiento de dejar personas, actividades y lugares que le robaban el corazón. En el Noviciado debe dejar las tarea pastoral y social que hace a fin de dedicarse más a su formación; a los pocos años de jesuita debe dejar la pastoral catequética que hace con gran creatividad y dedicación en el barrio de la Sagrada Familia de Barcelona para ir a Juneda (Lleida); después debe dejar la tarea de Juneda para dedicarse a la misión que ha desarrollado tantos años aquí en la ciudad de Lleida; hace pocos meses el Padre Provincial le pide cambiar la misión que llevaba a cabo por otra nueva. Pero él ya hacía un par de años que iba pensando, compartiendo y orando para enfocar bien una nueva etapa de la vida que, dada la edad, ya veía que debería ser diferente. Eso sí, pensando cómo podría dedicarse más a la contemplación y al servicio de los más pobres. Siempre he visto que Joan, en el dolor de tener que dejar una actividad (con todo lo que incluye de relaciones personales y experiencias humanas muy ricas) que realizaba con una plena entrega e ilusión, sabía vivir este choque con mucha oración, con recurso al consejo y el acompañamiento y terminando en la plena e incondicional aceptación de la nueva misión que se le encomendaba. Hasta la disponibilidad última de la enfermedad: "La vida también es misión, tiene sentido, aunque se puedan 'hacer' pocas cosas", escribía hace cosa de un mes.

Joan mostraba con los hechos que el núcleo de la experiencia espiritual del jesuita se encuentra no en los momentos de oración, sino en la plena disposición para la misión como cumplimiento de la voluntad amorosa de Dios. Jesús al entrar en el mundo tenía en el corazón las palabras del salmista: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad". Y más tarde, decía que su alimento era hacer la voluntad del Padre y llevar a cabo su obra. Pues bien, Joan vivía también de esta voluntad de Dios y de su entrega al servicio. El norte de su vida era la voluntad de Dios y la forma de dirigirse a este norte era el discernimiento. Hace unas semanas me escribía: "El discernimiento continúa, siempre sin resistirse a la voluntad de Dios, al contrario tratando de divisarla y seguirla tanto como pueda. Es lo que he intentado hasta ahora". Como Ignacio de Loyola, que, según una de las personas que más lo conocía, "nunca se avanzaba al Espíritu, sino que lo seguía".

Esta unión con Dios y su voluntad es lo que ayudó a Joan a no sentirse nunca solo ni desvalido en cualquier circunstancia, hasta los últimos meses de la grave enfermedad: "Él que siempre me escucha y carga mis dolores, Él es así ", escribía. Y añade: "orar y amar según mis circunstancias, sin olvidarme de las cosas que pasan en el mundo, tanto las alegrías como los sufrimientos de la gente". Y aún, "os tengo que decir que me he sentido y me siento muy querido por todos vosotros...". ¡Con Joan hemos entendido mejor que no hay nadie tan humano como Dios!

Joan tenía sus defectos, si no hubiera sido un monstruo y no un ser humano. Él mismo pedía perdón al comenzar el acto de cambio de Párroco de la Parroquia de Sant Ignasi. Con todo, era lo suficiente inteligente para no caer en la ingenua contradicción de los que usan la humildad como un escaparate de su ego...

Y ahora, Joan no nos deja. En sus palabras, que de hecho fueron de despedida, os decía: "Parece que mi destino es quedarme entre vosotros, parece que esta es la voluntad de Dios. De qué manera se irá expresando, esto dependerá de las circunstancias y la evolución de las cosas". Sí, las circunstancias son las que ahora lloramos, su muerte. Pero Joan se queda con nosotros, porque confiamos que él se encuentra en la compañía de Dios que está siempre con nosotros. A nosotros nos corresponde ahora acoger y hacer fecunda su presencia. Él mismo nos lo indicó: "participar en la construcción de la fraternidad evangélica que Jesús sueña para el mundo; saliendo eso sí, de nosotros mismos y hacia el servicio de enviados por el cambio positivo de las cosas". Pidamos, pues, a Dios que cada uno de nosotros, los grupos, fundaciones, asociaciones y la parroquia toda, cada uno con su particular singularidad, vayamos siguiendo las huellas de Joan que nos señalan el camino que hizo Jesús.

"¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes", a través de Joan!

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Josep Rambla Blanch SJ

Homilia en el funeral por Joan Suñol, en la catedral de Lleida el 19 de noviembre de 2017.