Semblanza del P. Máximo Pérez Rodríguez SJ

He convivido con el P. Máximo sus dos últimos años. Pretender realizar un perfil objetivo de su persona es misión imposible. No obstante, este periodo de tiempo me permitió pasar largos ratos con él recorriendo los archivos de su ordenador. Éste era el lugar donde retomar la memoria pérdida. Documentos recuperados de programas y versiones caídos en desuso, desordenados unos, malogrados otros. Discurrir por ellos era retomar vivencias y experiencias de su vida. Ahí le vi emocionarse al traer a la memoria recuerdos, muchos de ellos lejanos en el tiempo, que él aún recordaba con profusión

de detalles y le devolvían la ilusión.

“Máximo, ¡el más grande!”, con estas palabras le abordábamos los momentos previos a su fallecimiento. Y sonreía agradecido en su consciencia debilitada.

Una gran pasión recorrió su vida: la Música. Sin estudios especializados, con buen oído y buena voz… compuso letras y melodías. “¡Qué gran bien han hecho a muchos niños!”. “¿Dónde están?”. “Pueden hacer aun gran bien a otros”, decía con frecuencia. Y añoraba el no poder escucharlas o tener las partituras en sus manos. Letras que eran catequesis. Los domingos por las tardes, en la enfermería, se proyecta algún documental y algunos momentos musicales. Máximo los recibía agradecido. Disfrutaba y gozaba.

Me atrevería a decir que el Apostolado de la Oración fue su gran dedicación. Allí volcó toda su energía, saber y valer. De 1978 a 1996 en el Secretariado Nacional, y posteriormente en Palencia como Director Diocesano (1996-2001). La revista Hosanna –el último número fue publicado en diciembre de 1996-, recogió muchas de sus colaboraciones. Páginas escaneadas que -en su ordenador- leíamos con ilusión. “¿Quién es el autor?” Y él decía orgulloso “yo”, o hacía gestos para indicar que aunque figurara como anónimo o con pseudónimo, él estaba detrás de muchas de las narraciones y experiencias allí contadas. Máximo también estuvo al frente de movimientos como Jóvenes por el Reino de Cristo o el movimiento eucarístico juvenil (MEJ).

Cuando releíamos algunas de sus cartas, se repetía, con frecuencia, que estaba dando ejercicios o que en tal fecha impartiría ejercicios de mes. Los ejercicios espirituales por él dirigidos llegaron a muchos jóvenes, laicos, seminaristas, sacerdotes y religiosas. Está fue también su gran aportación en la Iglesia. Eran muchas las llamadas que recibía, a las que intentaba atender desde cualquiera de los lugares donde la Compañía de Jesús le fue destinando.

Señalaba en una carta de 2011, a poco de llegar a su último destino, a modo de oración dirigida a nuestro Señor: “Aquí estoy porque me has llamado. Me has llamado a la vida, y por eso existo. Me has llamado al seguimiento de tu Hijo, y por eso soy jesuita. Me estás llamando a contemplarte cara a cara, y por eso estoy en Salamanca esperando la orden de dar los últimos pasos hacia Ti”. En esa misma carta añadía: “Estoy ya retirado en una enfermería preparando y esperando la venida del Señor.

Los superiores me han dado el importante cargo de orar por la Iglesia y la Compañía”.

En la medida en que los años transcurren en una enfermería los objetos personales disminuyen. Solo permanecen aquellos de mayor valor afectivo. Entre las pocas pertenencias de Máximo:

La partitura de la “Misa Cor Redemptoris” por él compuesta, y que cuidaba con mimo.

Un par de instantáneas con el papa Juan Pablo II en una visita a Roma.

Y alguna foto de primeras comuniones en que se le ve rodeado de niños.

Seguro que guardaban sencillos recuerdos de grandes momentos.

También conservaba entre sus pertenencias un Niño Jesús, regalo de las Carmelitas Descalzas -al que miraba con devoción-, y algunas de sus publicaciones:

“El poder de los débiles”. Biografía del Beato Bernardo Francisco de Hoyos. Al menos en tres ocasiones publicó su vida para públicos diversos.

“Manual teológico-pastoral del movimiento eucarístico juvenil”.

“Vida de Claudio de la Colombière”. Folleto divulgativo.

Estas publicaciones fueron editadas por la editorial del Apostolado de la Oración (EDAPOR).

En su funeral leí, en la acción de gracias, el texto de una canción por él compuesta: “Como un grano de sal”. Varias copias circulaban por su habitación, y en una de ellas, con letra temblorosa está escrito: “Esta es la vida que he intentado vivir”. La letra de la canción dice así:

En medio de los hombres que luchan y se afanan,

en medio de las gentes que están en soledad,

en medio del que vive sin saber por qué vive,

Tú me has puesto, Señor, como un grano de sal.

Como un grano de sal que da sabor al mundo,

como un grano de sal contra la corrupción.

Como un grano de sal disuelto entre la gente

sin que nadie lo note, como un grano de sal.

Los hombres, a mi lado por el dolor se encorvan

y encuentran desabrida su existencia fugaz.

Y yo quiero decirles, deshaciéndome, en ellos

el porqué de la vida como un grano de sal.

Su hermana religiosa Tere, al final de la celebración tuvo unas palabras recordando a su hermano. Decía haberle tenido siempre en gran aprecio y admiración. Y añadió que en su última etapa, un día, Máximo tuvo un gesto que la contrarió. Estando hablando, se enfadó y arremetió contra ella con un carpetazo a la cabeza. Añadía que siempre le había endiosado, y este gesto le mostró su faceta humana. ¡Una persona que también se enfadaba! Su enfado respondía al no poder articular la palabra deseada, ni expresar aquello que deseaba. Su "carpetazo" fue reflejo de humanidad.

El funeral acogió a su numerosa familia (hermanos, sobrinos…), amigos, sacerdotes, religiosas e institutos de vida consagrada. Le estaban muy agradecidos y no podían ausentarse en su despedida. Málaga, Sevilla, Madrid, Toledo… fueron algunas de sus procedencias. Muchos le acompañaron hasta el cementerio, y allí entonaron algunas de sus composiciones, dándole el último adiós.

Teodoro García Estalayo, SJ.

Salamanca, 30.11.2017

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