Semblanza del P. José M. Fernández de Aguirre Urtaran SJ

Jose Mari nació en Orduña (Vizcaya) el 9 de septiembre de 1935. Estudió en el Colegio Santiago Apóstol de los Hermanos de la Salle, en Bilbao. Tenía grandes amigos compañeros de colegio con los que mantuvo siempre relación. Entró en la Compañía de Jesús en el noviciado de Orduña en 1956, después de sacar los títulos de perito y profesor mercantil. Su vida en la Compañía se desarrolló normalmente hasta que, al fin de teología, fue llamado urgentemente para suplir al Ecónomo y Revisor del patrimonio de la entonces provincia de Loyola (1968), cargo que ejercía compaginándolo con una ordenada y constante actividad pastoral en la residencia, con sus homilías y su hora diaria de confesionario en la iglesia. En (1988) fue llamado a Roma por el P. Arrupe, para ser la mano derecha del Ecónomo General de la Compañía de Jesús. De hecho, era el revisor de las administraciones de todos los países de lengua castellana. Por ello viajó mucho por América Latina, siendo siempre muy apreciado por los revisados (cosa no siempre fácil) a causa de la honradez de sus decisiones, la utilidad de sus consejos y la visión apostólica de sus orientaciones. A la vuelta de sus viajes, traía mil anécdotas divertidas que contar y presentaba al P. Arrupe informaciones precisas y preciosas de la situación económica de las provincias y de las necesidades económicas que padecían muchas de ellas. Fue por esto por lo que el P. Arrupe creó el fondo llamado “FACSI” (Fondo de solidaridad de la Compañía para paliar necesidades dentro y fuera de la Compañía), fondo anual al que colaboran todas las provincias de la Compañía según sus posibilidades y que luego – cada año - se reparte entre las necesidades apostólicas más urgentes.

José Mari era todo un caballero orduñés: honrado, de palabra, trabajador y gran conversador siempre positivo y dialogante. Era una gloria el comer o cenar junto a él. Le gustaba oír música clásica para descansar un poco. Era un jesuita de cuerpo entero que obedeció con alegría y sin chistar las distintas tareas nada fáciles que le fueron encomendadas y sufrió sin quejarse la enfermedad que le envió el Señor, haciendo lo más posible para no molestar a otros. En el último año tuvo unos repetidos ingresos en los hospitales a causa de su dificultad respiratoria por la que tenía que tener apoyo casi permanente de oxígeno y un corazón ya fatigado. Siempre decía que no tenía más que elogios y agradecimiento por lo bien que le trataba todo el mundo: la comunidad, enfermeros, médicos, cuidadoras.

Su presencia en las comunidades en que vivió fue siempre un elemento de unión y su actividad pastoral ayudó a muchas personas a encontrar la serenidad y la paz que proviene de Dios.

Señor: no te preguntamos por qué te lo has llevado. Te damos gracias porque nos has hecho la gracia de tenerlo un tiempo entre nosotros.

Patxi Egaña Loidi, SJ

Bilbao, 1.02.2018

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