Semblanza del P. Ramón Moreno Jiménez SJ

Todos los que hemos conocido a Ramón lo hemos querido. Se hacía querer por su actuar espontáneo y abierto aunque a veces pareciera algo ingenuo. Vivía su mundo, pero con generosidad y entrega sin pensar en sí mismo sino buscando siempre el bien de los demás. Esa misma actitud hacía que nunca guardara ningún resquemor por las contrariedades que nos trae la vida por las personas o por los sucesos. Siempre optimista y alegre.

Fuimos compañeros en el colegio de El Palo pero él entró en el noviciado dos años después y ya nos separamos hasta el año 1970 fuimos juntos a Paraguay en barco. Recuerdo del viaje que los mismos vecinos comensales estaban admirados de su sencilla mirada sobre el mundo en el que no veía ningún mal y se sentían atraídos hacia él. Esto lo he ido observando tanto durante el tiempo que convivimos en Concordia (provincia de Entrerríos de Argentina) donde dejó un recuerdo imborrable, como lo que he ido viendo a lo largo de los años. En Concordia coincidió con su tío, el P. Fernando M.ª Moreno y solíamos darle broma al comentar cómo andaban las relaciones con él: si no estaban del todo cordiales, le llamaba P. Moreno; si estaban intermedias, P. Fernando, y cuando estaban del todo cordiales, tío Fernando. Se reía cuando se lo decíamos. Tuvo especial entrada con los jóvenes en Corrientes donde sus misas eran concurridísimas. En adelante siguió con este apostolado hasta que dejó Paraguay: organizaba peregrinaciones en bicicleta a los santuarios de la Virgen o a las ruinas jesuíticas y él iba el primero.

Enseñó teología y Biblia en los Institutos de Profesorado de Concordia y Posadas (en la provincia argentina de Misiones) y después en Asunción. Esto le llevó enamorarse de S. Pablo a cuyo estudio se dedicó plenamente. Ha dejado una inmensa colección de libros sobre S. Pablo y al final publicó el suyo Las grandes cartas de san Pablo que explicaba asiduamente a sus grupos hasta que cayó finalmente enfermo; y aun estando aquí, mientras se lo permitieron sus fuerzas, tuvo reuniones frecuentes con esos grupos.

En el libro de Pedro Miguel Lamet, El resplandor de damasco ha dejado subrayado lo que el mismo Lamet confiesa al final sobre la experiencia que ha supuesto para él la investigación y redacción del libro: Pero sobre todo emociona la centralidad del Mesías Jesucristo en su vida hasta el extremo de identificarse con él; creer principalmente en la resurrección como plenitud de nuestra supervivencia; no temer al dolor ni la muerte, y considerar basura todo lo demás.

Creo que Ramón encontró en Jesús el mismo Mesías que Pablo y ofreció su vida generosamente como la había recibido al que le daba pleno sentido: le gustaba repetir la frase de S. Pablo: fides quae per caritatem operatur: la fe que se hace viva por el amor.

Ramón Gómez Martínez, SJ

Málaga, 30.12.2017

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