Semblanza del P. Jesús López Gay SJ
Me piden una semblanza del P. Jesús López Gay, con el que sólo he convivido un par de años antes de entrar en la Compañía y cuatro al final de su vida. Es decir, cuando él tenía unos 15 años, y desde los 84 a 88, todos en el entorno del Colegio San Estanislao de Málaga. También alguna vez en los Encuentros Navideños en ese mismo entorno. Otros datos que tengo de su vida, muy pocos, provienen de algún comentario suyo ocasional… Esto supuesto, añadiré alguno de esos datos a lo que se nos envió al notificar su fallecimiento.
Nació en Almería el año 1929, el último de los hermanos de una familia numerosa, y allí de siete a diez años vivió la guerra civil española. De este tiempo recordaba y contaba con gusto que pudo llevar muchas veces la Eucaristía, a escondidas, a familiares y conocidos…
El 1941 ingresó en el Seminario Menor de la Compañía, en el Colegio de San Estanislao de Málaga, en la barriada de El Palo. Este Seminario se había integrado el año anterior en el Colegio fundado el año1882 como internado, con una minoría de alumnos mediopensionistas. Ahí es donde conviví con él hasta el 1943, aunque precediéndole dos cursos. Por eso mis recuerdos sobre él solo son que era muy normal y alegre en todas las actividades que los seminaristas teníamos en común.
Terminado el bachillerato, el 11 de septiembre de 1945 ingresó en el Noviciado en El Puerto de Sta. María (Cádiz), donde también hizo el juniorado. Del 1950 al 1953 cursó la Filosofía en Chamartín de la Rosa (Madrid), en el filosofado entonces común para jesuitas toledanos y andaluces, donde por aquellos años bullía el deseo de ir a las misiones. Y, de hecho, allí, fue destinado al del Japón.
En Japón estuvo diez años, casi todos en Tokio, distribuidos como sigue: Estudio del inglés y el japonés, del 1953 al 1955; Magisterio del 1955 al 1957, enseñando entre otras cosas latín en el Seminario Católico de aquella ciudad; Teología del 1957 al 1961 también en Tokio, y ya, fuera de Tokio, en Hiroshima, durante el curso 1961-62, la Tercera Probación.
Para entonces, desde 1954, el P. Arrupe, era ya Viceprovincial del Japón, que una vez terminada la Tercera Probación lo destinó a Roma para un bienio de Misionología. Por cierto, que él contaba muy satisfecho que en el viaje a Roma, el 1962, había acompañado al P. Arrupe, que tenía que desplazarse a Roma para varios asuntos.
Terminado el bienio de Misionología, ya no volvió a Japón, porque fue destinado a la Universidad Gregoriana, para enseñar esa especialidad. De esa época contaba haber dirigido una tesis (¿?) al P. Adolfo Nicolás, y haber tenido al Embajador del Japón en la Santa Sede en el tribunal para la defensa de otra tesis en japonés.
También editó libros sobre el budismo y sintoísmo en Japón, y su perspectiva sobre estos temas sirvió para la redacción de su libro “El monacato Budista y Cristiano”, a la actualmente (2015) Delegada Episcopal de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Diócesis de Getafe.
En Roma, sin embargo, su actividad no se limitó a la docencia, porque también colaboró con la Santa Sede como Consultor del Consejo Pontificio para la Familia y de la Sagrada Congregación para la Evangelización.
De entonces le gustaba hablar de su cercanía con el Papa, sobre todo con Juan Pablo II, que lo nombró Asistente General de las Salesas, cuyos monasterios tanto en España como en América hubo de visitar, aunque se relacionó también con monasterios de otras Órdenes y Congregaciones femeninas: Carmelitas Descalzas, Compañía del Salvador, Cruzadas de Sta. María…que hasta su muerte no dejaron de comunicarse con él.
Estas tareas le ocuparon hasta 2007. Fue entonces cuando, debilitado, fue destinado a la Residencia del Sagrado Corazón de Málaga, y un año después, como consecuencia de un ictus cerebral, a la Enfermería de la Compañía en esta misma Ciudad, donde ha fallecido el 27 de diciembre de 2017.
En esta Comunidad/Enfermería es donde he convivido con él desde 2013 hasta su fallecimiento, viéndolo casi todo el tiempo en silla de ruedas.
En estos años de Enfermería su deterioro fue lento, pero ininterrumpido, lo que le fue imposibilitando presidir la Eucaristía, usar el ordenador, escribir, comer él solo… : ¡Una total dependencia! Sin embargo al preguntarle cómo estaba, siempre repetía: “Estoy como Dios quiere”, “Todo se lo ofrezco”…
Por otro lado, en esta última época de su vida se acentuó su carácter sencillo y casi ingenuo. Disfrutaba, por ejemplo, hablando del Japón cuando niños de infantil y primaria del Colegio visitaban la Enfermería. Y si se le preguntaba sobre sus preferencias entre Japón y Roma, cada vez su respuesta era distinta.
En la misa de entierro, el presidente eligió como evangelio el precioso texto del evangelio de San Lucas: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque no has revelado estas cosas a los sabios y entendidos, sino a la gente sencilla…”, y subrayó con ello ese su carácter sencillo y casi ingenuo.
¡Qué el Señor lo tenga en su gloria! (como se decía por estas tierras andaluzas).
Jesús García de Leaniz, S.J.
Málaga 18.01.2018