Semblanza del P. Emilio Cuevas San Martín SJ

El P. Emilio Cuevas San Martín nació en Cártama (Málaga) el 7 de abril de 1923 y ha fallecido en la enfermería de San Estanislao, de Málaga, el 30 de enero de 2018 con 94 años de edad, 76 de Compañía y 61 de sacerdote.

Llevaba a gala ser de Cártama, y últimamente evocaba su infancia con más frecuencia, estando ya en la enfermería de Málaga. Le gustaba recordar que era paisano de aquel jesuita encargado por el P. General de ir a la antigua provincia de Paraguay para convencer a los jesuitas de que se sometieran al Tratado de Límites. Era el P. Altamirano, un jesuita, si bien en la película La Misión nos hicieron el favor de encarnar ese personaje en un cardenal.

Ingresó en el Noviciado de El Puerto de Santa María el 14 de agosto de 1941. Después de los dos años de noviciado y cuatro de juniorado en esta localidad, estudió filosofía en Madrid, hizo las prácticas de Magisterio en el Colegio Portaceli, en Sevilla.

Estudia los cuatro años de teología en Granada y después de la tercera probación está un año destinado en el Colegio San Estanislao de Málaga y de ahí pasa a Las Palmas de Gran Canaria donde ejerce su apostolado en la Iglesia San Francisco de Borja, sobre todo en el confesionario, y en el Colegio de San Ignacio donde ocupa diversos cargos, fundamentalmente de Administrador de la Comunidad y del Colegio. Además de estos puestos, es nombrado párroco en la joven Parroquia de Ntra. Sra. del Atlántico, y luego queda adscrito durante muchos años al equipo parroquial de la Parroquia de la Santa Cruz y colabora también en la Parroquia de San Agustín, situada cerca del colegio.

Quizás lo que él recordaba con más cariño es su trabajo parroquial, en una parroquia de barriada muy marcada por la dinámica eclesial del postconcilio y el ambiente social de la transición política española. Esta actividad lo mantuvo intelectualmente activo, interesado por esa “teología de barrio”. Durante sus últimos años en Las Palmas, seguía manteniéndose fiel a su parroquia, a su servicio parroquial, donde iba cada día a celebrar la eucaristía.

Su salud empeoraba y producía temor verlo subir y bajar las escaleras de la comunidad de Las Palmas, por los efectos de la edad y las secuelas de un antiguo accidente que lo dejó con una cojera particular. Él se aferraba a esta su historia, y se resistía a abandonar la isla por mucho que la enfermería provincial estuviera en su tierra natal. Finalmente, marchó a la enfermería de Málaga. 

Entre las virtudes que hay que destacar en su vida en la Compañía de Jesús se encuentran la sobriedad material en la que vivía; su espíritu de servicio, tanto con sus compañeros jesuitas como con las personas que tenían alguna relación con las comunidades en las que vivió; su positiva evolución apostólica hacia las clases sociales menos favorecidas; y la especial combinación de la libertad personal con la prudencia en su vida sacerdotal y en los diversos puestos que ha ocupado en la Compañía.

Ignacio Maury Rodríguez-Bolívar, S. I.

Granada, 01.02.2018

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